A veces sentimos que Dios pone cargas pesadas

Hay una historia sencilla que siempre repito a todas las personas de fe débil o que son muy negativas con Dios. Una vez un discípulo le preguntó a su sabio maestro: “¿Por qué muchas veces Dios parece injusto con unos y generosos con otros?” El maestro le contó la siguiente historia: “Vamos hasta la montaña en la que vive Dios", comentó un caballero a su amigo. "Quiero demostrar que Él sólo sabe exigir, y que no hace nada para aliviar nuestras cargas.”

Hay una historia sencilla que siempre repito a todas las personas de fe débil o que son muy negativas con Dios. Una vez un discípulo le preguntó a su sabio maestro: “¿Por qué muchas veces Dios parece injusto con unos y generosos con otros?” El maestro le contó la siguiente historia: “Vamos hasta la montaña en la que vive Dios", comentó un caballero a su amigo. "Quiero demostrar que Él sólo sabe exigir, y que no hace nada para aliviar nuestras cargas.”

“Voy para demostrar mi fe”, dijo el otro. Llegaron por la noche a lo alto del monte y escucharon una voz en la oscuridad: “¡Carguen sus caballos con las piedras del suelo!” “¿Ves?”, dijo el primer caballero. “Después de subir tanto y estar muy cansados, aún nos hace cargar con más peso. ¡Jamás obedeceré!” En cambio, el segundo caballero hizo lo que la voz decía.

Cuando terminaron de bajar el monte, llegó la aurora y el alba trajo los primeros rayos de sol que iluminaron las piedras que el caballero piadoso había recogido. Eran grandes diamantes puros de kilates incalculables. Dijo entonces el maestro: “Las decisiones de Dios son misteriosas, pero aunque no lo comprendamos ahora, siempre resultan a nuestro favor”.

Como decimos comúnamente, las adversidades tienen cara de hereje. A los seres humanos nos agrada el ocio, la abundancia, la ganancia, el mínimo esfuerzo, el bienestar. En cambio, nos desagrada el trabajo arduo, las cargas físicas, el sacrificio, el madrugar, el soportar, etc. Sin embargo, no conocemos otro camino para la real dedicación y la entrega. Dios nos da todo, pero nuestro esfuerzo no deja de ser necesario.

Cuando sentimos que Dios nos carga en vez de aliviarnos, hemos de evitar las rendijas de la desesperación y de las quejas. Casi siempre no entendemos en el momento, mas si no perdemos la esperanza, podemos llegar a constatar que las decisiones de Dios siempre caminan a favor de quienes confían en Él. La diferencia está en la fe en Cristo, pues para el hombre de fe ninguna piedra es pesada, y mucho menos si el Señor es quien pide cargarla.
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