La tragedia de Haití es una enseñanza de fe

Caminar en las calles de Haití, encontrar alimentos, agua potable, medicinas, un ataúd para enterrar a sus seres queridos es una odisea. Todo es un doloroso y terrible caos: solo se encuentra destrucción, muerte, tristeza y desesperación.

Caminar en las calles de Haití, encontrar alimentos, agua potable, medicinas, un ataúd para enterrar a sus seres queridos es una odisea. Todo es un doloroso y terrible caos: solo se encuentra destrucción, muerte, tristeza y desesperación. Para los Haitianos ya no tienen sentido a que les reconstruyan los puentes, los hospitales, las iglesias, las escuelas, los edificios gubernamentales o hasta sus propios hogares. Pues lo único que les llena en estos momentos de tragedia es su fuerte fe.

Pues cada haitiano reconoce que desde su destino y la experiencia de haber nacido en un país pobre, Dios los eligió desde un comienzo para ser los elegidos de una vida eterna. Muerte y destrucción no es el temido. Lo temido y que duele es perder la gracia de entrar al reino prometido.

La ONU ha dicho que más de 300.000 personas se han quedado sin hogar en Puerto Príncipe pero el haitiano ha sido un hombre aguantador, laborioso y emprendedor y tiene claramente en su mente que su morada y su recompensa no es terrenal. El terremoto de Haití ha tocado nuestra diócesis, cuantos viajes y ayuda han aportado nuestros feligreses en construcción de viviendas familiares, hospitales y escuelas. Igualmente cuantas lanchas de pesca fueron donadas para fomentar la empresa local.

Pero para las parroquias líderes como San Antonio de Padua en Falls Church, San Carlos Borromeo en Arlington y Nativity en Burke, no deben desanimarse sino sentirse orgullosos de que el trabajo solidario en Haití sí valió y vale la pena. Para el Pare Richard B. Martin, párroco de la Iglesia de la Natividad es un gran orgullo que su proyecto Nativity I ayudo a cientos de familias a tener un hogar decente y que dio dignidad a los más necesitados como el Ave Fénix, Padre Martin y communicad de Nativity hay que empezar de nuevo como si fuera la primera vez, con amor, pasión, dedicación y mucha fe. Pues miles de haitianos esperan ver esas manos solidarias del padre Richard Martin y esos ojos azules de esperanza.

Los que deseen ayudar a este gran proyecto de Nativity pueden comunicarse con la parroquia de Nativity al teléfono 703/455-2400. Saber vivir es tomar de la vida lo mejor y aprender a transformar en retos los obstáculos con un ánimo a toda prueba. Con el poder de la fe, la magia del amor y la energía de la esperanza, somos capaces de superar cualquier crisis. Nada detiene a las personas entusiastas porque con confianza y tesón siembran, cultivan y cosechan a pesar de las sequías y los tiempos adversos. Nuestras oraciones y solidaridad por nuestro pueblo haitiano.

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