Es tiempo de ver a Dios en la naturaleza

Además de declararme un sacerdote Católico Ecológico y Mariano en estos días en que muchas personas se deprimen o se desilusionan por los sucesos religiosos, económicos o sociales, les invito a que dejemos esos resentimientos atrás y encontremos la paz, disfrutando la naturaleza.

Además de declararme un sacerdote Católico Ecológico y Mariano en estos días en que muchas personas se deprimen o se desilusionan por los sucesos religiosos, económicos o sociales, les invito a que dejemos esos resentimientos atrás y encontremos la paz, disfrutando la naturaleza.

Si hoy tú ves un árbol, acarícialo, bendícelo y contribuye a hacerlo sonreír con la fuerza del viento.

Ves un águila herida, cuídala y cúrala y luego hazla volar a su morada: el firmamento, el infinito.

Vez un riachuelo, siembra árboles a su alrededor en vez de contarlos; súmale piedras a su cauce que extraerle la arena que le da vida.

Ves una flor, disfruta su aroma, plántala en tu jardín y sugiéreles a otros que te imiten.

Ves un animal salvaje, admira su potencia, destreza y habilidad, evitando provocarlo, y por supuesto déjalo libre, déjalo ser.

Ves los insectos que forman parte de la biodiversidad impresionante de su ruido y cantar, acércate a ellos y contémplalos, descubre el por qué y la misión de cada uno de ellos.

Ves y observas las diferentes estaciones climáticas, contribuye a la preservación del medio ambiente, regulando y disminuyendo tus hábitos de consumo, el uso de aerosoles, la contaminación en general.

Ves los múltiples frutos que da la tierra, regalos del Creador y consecuencia del trabajo humano, aliméntate con ellos, más abona la tierra, proporciónale el agua que es su alimento.

Ves la luz del día y las tinieblas de la noche, abre tus ojos al cuidado de la naturaleza y ciérralos a tus tendencias de agresión contra ella.

Ves los huracanes, ciclones, vientos y tornados, expresión del dominio y poderío del Arquitecto del Universo. Bendice a Dios porque vive por siempre.

Ves y sientes la brisa suave, símbolo de la humildad y sinfonía del amor, eleva tu corazón porque allí está Dios.

Porque quien ama la naturaleza ama a Dios, y quien ama a Dios amando la naturaleza, ama al hombre que vive de, en, con y por la naturaleza. Dejemos este mundo mejor de cómo lo encontramos. Para que cunando se nos pidan cuentas en el cielo no nos llenemos de excusas. Asúmanos, con tenacidad nuestro compromiso de cuidarnos y de valorar la naturaleza. No es una afición, es un desafío antes de que sea demasiado tarde.

Como lo ha sido para las especies extintas. En la naturaleza podemos oír la voz de Dios. La gratitud de las cosas que Dios ha puesto a nuestro servicio es la puerta abierta al optimismo. Nada mejor que dar gracias sin cesar. Es la mejor plegaria.

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