¿Cuando pierde Estados Unidos Ganan los Republicanos?

Desde el instante en que el presidente Barack Obama debió decidir la semana pasada si viajaba o no a Copenhague, Dinamarca, para apoyar con su presencia la candidatura de Chicago como sede de los Juegos Olímpicos en el 2016, se encontró ante un dilema. Si iba, sería criticado. Si no iba, también.

Que líderes nacionales apoyen a una ciudad de su país en la candidatura para ser sede de los Juegos Olímpicos no es ninguna novedad. Esta vez, Río de Janeiro por ejemplo contaba con la presencia del presidente de Brasil, Lula da Silva. Para la selección de la ciudad ganadora de los Juegos del 2012, el Primer Ministro Británico, Tony Blair, apoyó con su presencia a Londres.

Pero en Estados Unidos, el anuncio del viaje del presidente Obama fue recibido con burlas y críticas por parte de sus enemigos republicanos. Estos cuestionaron duramente si en medio de la peor crisis económica en casi cien años, el presidente debía invertir tiempo y arriesgar su prestigio y  estatura mundial en un evento limitado a la esfera deportiva.

Si Obama daba su apoyo personal a la candidatura de Chicago y esta no era elegida, el presidente sufriría un incómodo y muy público revés internacional. Sin embargo, el mismo riesgo lo corrió Blair en el pasado y lo corría esta vez Lula da Silva. Adicionalmente el Comité Olímpico de Estados Unidos, los organizadores locales de la propuesta en Chicago -ciudad donde Obama residía antes de ocupar la Casa Blanca- y los residentes de esa ciudad hubieran demolido con críticas al presidente si este no hubiera tenido la valentía que Lula y Blair mostraban a favor de las ciudades de sus países y Chicago perdía la candidatura.

En otras palabras, si ganaba Chicago, Obama sería criticado de todas maneras por dedicarle tiempo a un evento de tipo deportivo que poco tiene que ver con los problemas más apremiantes del país; y si perdía, sería criticado por eso, y por ser un hazmerreír internacional.

Pero el voto del Comité Olímpico Internacional a favor de Río de Janeiro el viernes pasado no fue lo único malo ese día para Estados Unidos. Durante una audiencia en el Congreso, el Departamento del Trabajo reveló que el desempleo nacional subió al 9.8%, el nivel más alto en los últimos 26 años.

Las dos malas noticias para la Casa Blanca en un mismo día desataron un alegre pero vergonzoso festín para los enemigos políticos del presidente Obama.

En apenas 45 minutos desde que se anunció la nueva tasa de desempleo, líderes republicanos lanzaron ocho comunicados de prensa criticando a Obama. Y segundos después de que Chicago quedara eliminada como candidata para sede de los Juegos Olímpicos del 2016,  otra tanda de burlas y críticas salieron a flote. En referencia al hecho de que Chicago quedó en cuarto lugar en la votación detrás de Río, Madrid y Tokio, el agente republicano Matt Machowiak, escribió en un mensaje triunfalmente “a Obama le dieron flores, ni siquiera la medalla de bronce”.

Qué lástima que a los críticos de Obama se les olvide que sin duda el presidente sabía desde antes de viajar a Dinamarca que la tasa de desempleo había subido. Qué lástima que se olviden que los Juegos Olímpicos –debido a la preparación de la infraestructura deportiva y turística necesaria- crean miles de trabajos por varios años en las sedes de los Juegos. Qué lástima que ignoren que el presidente hacía lo correcto y honorable al viajar a Dinamarca para defender la candidatura de Chicago a pesar de saber que sería criticado pase lo que pase. Qué lástima que los republicanos no vean que los fracasos de la Casa Blanca son fracasos del país entero.

Y qué lástima que los fracasos del país entero los alegre.

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