Puerto Rico trata de olvidar la temporada huracanes 2017, la peor en su historia

Vista de postes y cables de electricidad afectados por le paso del huracán María por Puerto Rico que se observan todavía averiados en el municipio Carolina. Vista de postes y cables de electricidad afectados por le paso del huracán María por Puerto Rico que se observan todavía averiados en el municipio Carolina.

Vista de postes y cables de electricidad afectados por le paso del huracán María por Puerto Rico que se observan todavía averiados en el municipio Carolina. EFE

Puerto Rico trata de olvidar la temporadas de huracanes 2017 del Atlántico que termina, en la que fue devastado por lo ciclones Irma y María, que dejaron pérdidas millonarias, infraestructuras destruidas, cerca de 60 muertos, desempleo y éxodo masivo hacia Estados Unidos.

Aunque el ciclo de estos fenómenos tropicales arranca el 1 de junio, no fue hasta el mes de septiembre -el pico de la temporada- ,específicamente el día 6, cuando Irma, de categoría 5, dejó sentir sus efectos en la isla provocando que miles de personas quedaran sin servicio de electricidad.

Dos semanas más tarde y con aún con 80,000 personas esperando a que el servicio de electricidad en sus hogares se restableciera por el paso de Irma, llegó María, el huracán más potente que haya pasado por Puerto Rico desde San Felipe, en 1928.

María arribó a la "Isla del Encanto" en horas de la noche del día 19, pero no dejó sentir sus potentes vientos de categoría 4, de 155 millas por hora hasta el día siguiente.

El ciclón arrancó miles de techos de zinc, casas de madera, dejó a la isla completamente sin servicio de electricidad y al 80 % sin agua potable.

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, declaró a la isla como zona de desastre y pidió ayuda del Gobierno de Estados Unidos, del cual es territorio no incorporado.

Hasta el pasado día 24 la Guardia Nacional y la reserva del Ejército de EEUU distribuyeron en Puerto Rico más de 50 millones de litros de agua y 30 millones de raciones de comida.

Puerto Rico, que antes del paso de María cargaba con una deuda pública de más de $70.000 millones de dólares, quedó totalmente devastada por María, aunque los habitantes de la isla trataron de colaborar en las tareas de reconstrucción.

Al igual que las torres del servicio eléctrico, también las antenas de las compañías privadas de telecomunicaciones quedaron afectadas, provocando graves problemas de comunicación.

Los puertorriqueños aun así se echaron a las carreteras para verificar físicamente si sus familiares y amigos estaban bien.

María contribuyó a que la isla caribeña, de 3,4 millones de habitantes, haya visto pasar su tasa de pobreza de 44,3 % a un 52,3 %, según el Centro de Información Censal de la Universidad de Puerto Rico.

"Desastrosa", así describió el director del Departamento de Seguridad Pública de Puerto Rico, Héctor Pesquera, sobre su descripción del daño que provocó el ciclón sobre la isla, la cual aún trata de levantarse de todos sus servicios esenciales.

Para Pesquera, los efectos de devastación han sido mayores a los que provocó Andrew sobre el sur de Florida en agosto de 1992, donde éste estuvo cuando trabajaba con el FBI.

De igual forma, Pesquera dijo que de acuerdo con la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), María ha sido el ciclón de mayor desastre meteorológico al cual se ha enfrentado.

La caída del servicio de electricidad por María también trastocó las operaciones de los más de 50 hospitales que hay en la isla.

Esto provocó que los generadores de electricidad de estos centros hospitalarios se encendieran, pero dejaban de funcionar, algunos por la falta de mantenimiento o la falta de combustible, mayormente diesel.

Por esto, decenas de pacientes que estaban conectados a respiradores o a máquinas de diálisis pudieron haber fallecidos en los hospitales, aunque el Gobierno no ha agregado estas muertes en sus números oficiales de 58, según informó Pesquera el miércoles.

La falta de electricidad también afectó a los negocios, principalmente los del Viejo San Juan, que tuvieron que cesar sus operaciones, dejando también así a miles de personas desempleadas y un masivo éxodo de puertorriqueños a los Estados Unidos

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