Paraguay conmemora 25 años de democracia incompleta

La caída de Alfredo Stroessner el 3 de febrero de 1989 abrió la puerta a la democracia en Paraguay, pero 25 años después el país aun carga el pesado fardo del "stronismo", en forma de un Estado débil y ahogado por la corrupción y el nepotismo, según los expertos.

El paraguayo Martín Almada, quien dirige la Fundación Celestina Pérez de Almada y es Premio Nobel Alternativo de la Paz, durante un recorrido por el Museo de las Memorias, en Asunción (Paraguay). EFE/Archivo El paraguayo Martín Almada, quien dirige la Fundación Celestina Pérez de Almada y es Premio Nobel Alternativo de la Paz, durante un recorrido por el Museo de las Memorias, en Asunción (Paraguay). EFE/Archivo

El paraguayo Martín Almada, quien dirige la Fundación Celestina Pérez de Almada y es Premio Nobel Alternativo de la Paz, durante un recorrido por el Museo de las Memorias, en Asunción (Paraguay). EFE/Archivo

La caída de Alfredo Stroessner el 3 de febrero de 1989 abrió la puerta a la democracia en Paraguay, pero 25 años después el país aun carga el pesado fardo del "stronismo", en forma de un Estado débil y ahogado por la corrupción y el nepotismo, según los expertos.Pese a los 425 muertos o desaparecidos y 20.000 presos políticos durante la dictadura, en Paraguay un 32% de la población preferiría un gobierno autoritario hoy en día, el porcentaje más alto de América Latina, según el último sondeo de Latinobarómetro.Ese dato apunta en sí mismo a las fallas de su democracia, que comenzó con grandes expectativas pero que ha traído mejoras sociales con mucha lentitud. "Es una democracia de baja calidad", dijo a Efe Fernando Masi, director del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep).La salida de Stroessner, que gobernó el país durante casi 35 años, en un golpe de estado llevado a cabo por su consuegro, el general Andrés Rodríguez, acarreó réditos democráticos inmediatos.El militar, que convocó elecciones y las ganó, levantó el estado de sitio vigente desde 1954, reconoció a los partidos políticos, incluido el comunista, y proclamó el respeto a las libertades civiles.Para Paraguay ese momento no fue la recuperación de la democracia, sino su construcción, porque antes de Stroessner tampoco existió un verdadero sistema democrático, según Masi.Al mismo tiempo, no hubo una ruptura radical con el pasado. En el poder siguió el Partido Colorado, la misma agrupación que fue uno de los apoyos clave de Stroessner."Es un caso único. El partido que sostuvo a la dictadura es el mismo partido que al día siguiente dijo, nosotros apoyamos la democracia", indicó a Efe Antonio Pecci, Coordinador de la Mesa de la Memoria Histórica, una coalición de organizaciones de derechos humanos.Y el partido continuó con las prácticas del régimen militar, un período en que por su aparente omnipotencia, el Estado paraguayo podría verse como fuerte.En realidad, era muy débil, quien era poderoso era Stroessner, que colocó todas las instituciones, las Fuerzas Armadas y el partido a su servicio.Un cuarto de siglo después, el Estado sigue anémico, por su uso como "botín de guerra" por los políticos ganadores de las elecciones, como se puso de manifiesto a finales del año pasado, cuando las entidades públicas divulgaron por primera vez su lista de funcionarios, por presión de la prensa.Quedó patente entonces que los políticos siguen empleando su influencia para colocar a familiares y allegados en instituciones públicas, donde llegan a recibir varios salarios, a veces sin hacer ningún trabajo.La democracia también abrió grandes esperanzas de una mejora económica, especialmente de una reforma agraria que revirtiese el proceso de concentración y apropiación irregular de tierras por parte de personas con vínculos con su régimen, según Pecci.Eso no ocurrió y Paraguay mantiene hoy en día la segunda mayor concentración de tierras en el mundo, ya que el 2,6 % de los propietarios detenta el 85,5 % de la superficie agraria, según la ONU.Al mismo tiempo, esa minoría de latifundistas, que producen soja, carne y maíz para la exportación y son el motor económico del país, pagan menos impuestos que otros negocios, lo que limita la capacidad del Estado para invertir en salud o educación.No todo ha sido negativo. Una de las mayores señales de avance democrático ocurrió en 2008, con la victoria electoral de Fernando Lugo, que supuso la primera transferencia de poder pacífica de un partido a otro en la historia de Paraguay, según Masi.Además, triunfó una ideología no conservadora en un país donde la palabra "izquierda" aun suena a insulto, tras ser estigmatizada por Stroessner.El exobispo no llegó a terminar su mandato al ser sujeto a un controvertido juicio parlamentario cuatro años después, pero aun así Latinobarómetro detectó un salto importante de apoyo a la democracia, por la que actualmente se decanta el 50% de la población.Una señal más reciente de conciencia democrática fue la serie de protestas ocurridas el año pasado contra el nepotismo, después de que el Senado rechazara quitar la inmunidad al legislador colorado Víctor Bogado por el caso de la llamada "niñera de oro".Se trataba de una mujer que recibía dos sueldos como funcionaria pública gracias al senador, pero que en realidad cuidaba de sus hijos.En respuesta al repudio popular, el Senado votó por el desafuero de Bogado, y los manifestantes, la mayoría asuncenos de clase media, volvieron a sus casas, para alivio de los políticos.

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