Héctor Abad por los Abad, un retrato de la violencia política en Colombia

El activista colombiano Héctor Abad Gómez fue asesinado en 1987 en plena oleada de violencia política, un crimen sin resolver cuya historia quedó reflejada en la novela "El olvido que seremos", de su hijo Héctor Abad que ahora renace en el documental "Carta a una sombra" codirigido por su nieta Daniela.

Fotografía cedida de archivo familiar del asesinato del activista colombiano Héctor Abad Gómez, en Medellín, Colombia, en 1987. EFE Fotografía cedida de archivo familiar del asesinato del activista colombiano Héctor Abad Gómez, en Medellín, Colombia, en 1987. EFE

Fotografía cedida de archivo familiar del asesinato del activista colombiano Héctor Abad Gómez, en Medellín, Colombia, en 1987. EFE

El activista colombiano Héctor Abad Gómez fue asesinado en 1987 en plena oleada de violencia política, un crimen sin resolver cuya historia quedó reflejada en la novela "El olvido que seremos", de su hijo Héctor Abad que ahora renace en el documental "Carta a una sombra" codirigido por su nieta Daniela.Para recordar su historia, familiares y algunos de los amigos más cercanos de Abad Gómez recuerdan al médico especialista en salud pública y profesor de la Universidad de Antioquia en una cinta que parte de la individualidad para evocar una parte de la historia colombiana en la que los paramilitares de ultraderecha sumergieron al país en el terror."Fue una clase de historia intensiva de Colombia para entender a fondo qué es lo que sucedía en esos años. Para mí fue muy revelador saber cómo funcionaba en los años 80 la universidad, el peligro que existía", explicó Daniela Abad a Efe sobre el proceso de elaboración de la película que se estrena mañana.Y es que la producción se inició con Miguel Salazar, también codirector de la cinta, implicado junto a un equipo holandés que progresivamente fue reemplazado por Daniela Abad, cuya presencia detrás de las cámaras permite generar intimidad en las conversaciones que su padre, Héctor Abad Faciolince, mantiene ante la mirada del espectador.A esos encuentros, de los que la audiencia es testigo privilegiado, se le suman con frecuencia las hijas y la viuda de Abad Gómez, lo que permite entramar una historia marcada por el cariño y la cercanía humana que contrastan con la violencia omnipresente en un país marcado por los enfrentamientos internos.Pese a la marcada carga emocional, para Daniela Abad "fue natural grabar" esos encuentros porque se convirtieron en "conversaciones entre padre e hija", lo que le confiere a la cinta la naturalidad e intimidad que requiere para acercarse a la figura de un hombre que llegó a sus posiciones políticas a partir de una fuerte convicción social nacida de su oficio de médico.Precisamente con ese trabajo en los sectores más pobres de Colombia para conseguir unas condiciones de higiene y medicina básicas para la población se inicia un relato en el que dos palabras pesan como una losa sobre toda la historia: "comunista" y "marxista".Con esos apelativos descalificaron a un Abad Gómez nacido en una familia liberal en Jericó, un pueblo conservador del departamento de Antioquia, lo que le obligó a "vivir a la enemiga" toda su vida, según narra Hector Abad Faciolince en "Carta a una sombra".Pese a que su posición política no era el marxismo ni el comunismo, la carga que esas palabras tenían en una Colombia en la que unas 5.000 personas fueron asesinadas en algo más de una década por integrar el partido izquierdista Unión Patriótica (UP), fue también su sentencia de muerte.Con su asesinato también se truncó la relación con Daniela Abad que tenía solo un año y que mediante la creación de esta película ha podido acercarse a su abuelo no solo con el relato de sus familiares sino con las "cartas habladas" que conserva en centenares de cintas de casete y que tuvo que escuchar para elaborar la película."Para mí lo más bonito de este documental fue precisamente conocer a mi abuelo; tenía un año cuando lo asesinaron y nunca pude hablar con él y oír las cosas tan brillantes que decía ni pedirle ningún consejo", manifiesta.Mediante esa documentación "pudo casi hablar con él" y aprender de un profesor universitario que al abandonar su puesto en la universidad se volcó en su actividad social y encabezó organizaciones en defensa de los derechos humanos.Ese papel de hombre concienciado con las condiciones de los más pobres y de trabajador por los derechos humanos convierten la cinta en la "historia de hombres buenos" que tanto Daniela Abad como Miguel Salazar querían hacer.Además, le permitió a la última de la saga de los Abad "entender que el verdadero enemigo no era alguien en particular sino más bien cierto pensamiento, cierta ideología, que era lo que en últimas te mataba", según concluyó la cineasta. Gonzalo Domínguez Loeda

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