El miedo cotidiano al terrorismo en Pakistán

Los ataques terroristas se están convirtiendo en una característica común de la vida en Pakistán.

Los ataques terroristas se están convirtiendo en una característica común de la vida en Pakistán. Con más de 300 muertos desde el comienzo de octubre. Mientras el ejército del país continúa su ofensiva contra los talibanes en la región de Waziristán del Sur, los ciudadanos de las grandes ciudades tienen que hacer ajustes importantes en sus vidas, en un ambiente en el que salir de casa puede significar un riesgo.
Esta vez el objetivo no era un convoy militar, ni una estación de policía. Los extremistas apuntaron deliberadamente contra la población local, haciendo explotar un coche bomba en el corazón del mercado de Peshawar.

Ocurrió poco más de una semana después del doble ataque suicida en la Universidad Islámica de Islamabad.
En las grandes ciudades de Pakistán, muchos ya temen salir de sus casas.

“Cuando alguien sale, la gente piensa que podría ser la última vez que ve a su familia”, dice Ayaz Yusafzai, habitante de Islamabad.

Este restaurante de comida rápida sufre los efectos de la reciente ola de ataques.
Sus ventas semanales bajaron un 60%.

“Hace algunas semanas, trabajábamos hasta la 1 de la mañana, pero ahora ni siquiera ganamos para vivir. La gente no está saliendo más en estos días”, comenta Hasib Abbasi, camarero. 

Incluso ir a trabajar se convirtió en un calvario.

En Islamabad, los conductores deben sortear las barreras de concreto destinadas a limitar los coches bomba.

Irónicamente, las filas en los puestos de control ahora se convirtieron en un objetivo ideal para atacar.

“Los policías sabemos que estamos 1eros en la línea de ataque. Un terrorista suicida podría fácilmente hacerse explotar en una de estas líneas de tránsito. Venimos a trabajar preparados para la idea de morir. No tenemos elección”, argumenta Mohammed Hamraz, oficial de policía.

Algunos esperan que la victoria contra los talibanes en la ofensiva en Waziristán devuelva algo de normalidad al país.

Pero aún parece difícil de lograr, y cada paso fuera de la puerta de casa se vive como un riesgo.

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