Las manos tuyas y mias son las manos de Jesús

Mis manos, tus manos y las de todos son las manos de Jesús, manos vivas que cuando tocan los corazones los ponen a palpitar y se llenan de gozo, fe, y esperanza.

Desde que era muy pequeño siempre me impresionaban las manos de mi madre Eran grandes, bien cuidadas, suaves y sanadoras. Pues siempre que me golpeaba en la cabeza yo sabia que el ir hacia ella y sentir sus manos tiernas sobre mi frente era la mejor medicina y el mejor calmante para mi dolor.

Las manos de las madres son las manos que utiliza Jesús para dar, abrazar, perdonar, aceptar, compartir y sobre todo para sanar. Es por eso que las manos que oran en las Misas de Sanación por los enfermos, los tristes y abatidos son manos sanadoras y libradoras. Manos de hombres y mujeres humildes; de hombres con manos encallecidas y rudas por el fuerte trabajo en la construcción y de aquellas mujeres inmigrantes con sus manos lastimadas por el trabajo en la limpieza que a pesar de ser manos toscas yerran con dulzura el alimento y el sustento a los hogares.

Esas manos que nunca se cansan de bendecir, y de dar a quien lo necesite. Igualmente pensemos en las manos rotas por los clavos en la cruz del Divino Maestro que a pesar de las heridas continúan derramando misericordia y amor a la humanidad. Ellas adoloridas por nuestra indiferencia y falta de amor siguen compartiendo su sangre y su pan por nosotros los pecadores. Las manos de Jesús hoy más que nunca están llenas de ternura por los débiles del alma y los enfermos del mundo entero

Mis manos, tus manos y las de todos son las manos de Jesús, manos vivas que cuando tocan los corazones los ponen a palpitar y se llenan de gozo, fe, y esperanza.

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