Los hispanos, Mitt Romney y las elecciones presidenciales en 2012
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Los hispanos, Mitt Romney y las elecciones presidenciales en 2012

El enorme crecimiento de la población hispana está cambiando el mapa electoral de los Estados Unidos de manera drástica. Peligrosamente para sus expectativas electorales, Mitt Romney, el claro favorito a conseguir la nominación presidencial del Partido Republicano –y a obtener la victoria en las primarias del 10 de enero en New Hampshire–, parece empeñado en mirar hacia otro lado; al menos de momento.

Si en algo coinciden las numerosas encuestas que se publican día a día en Estados Unidos, es en que los siete estados que concentran una proporción de hispanos superior al 20% serán más determinantes que nunca en los resultados del próximo 6 de noviembre.

Cinco de ellos votaron por el Presidente Obama en 2008: New Mexico (46% de latinos), California (38%), Nevada (27%), Florida (22%) y Colorado (21%); otros dos lo hicieron por el Senador McCain: Texas (38%) y Arizona (30%).

Combinados, estos siete estados suman 153 de los 538 votos del Colegio Electoral en disputa para alzarse con la presidencia de los Estados Unidos, 8 más que en las elecciones anteriores gracias al ‘boom’ experimentado por la población hispana. Y salvo California (feudo demócrata desde 1992) y Texas (feudo republicano desde 1980), todos ellos están en disputa.

Si los hispanos vuelven a votar en una proporción de 2 a 1 contra los republicanos el próximo noviembre, es más que probable que el Presidente Obama se haga con la victoria en esos cinco estados. Esto, sumado a su éxito casi garantizado en casi todos los bastiones tradicionales demócratas del Pacífico Noroccidental, los Grandes Lagos, el Medio Atlántico y Nueva Inglaterra, sellaría su reelección sin mayores problemas.

Pero el creciente músculo electoral de los latinos se ha extendido a otros estados igual de importantes para obtener una mayoría en el Colegio Electoral. Buena parte de los estados del Medio Oeste y del Sur que tuvieron un resultado más ajustado en las elecciones presidenciales de 2008 han visto crecer su población hispana de manera exponencial en los últimos años. Es el caso de Virginia, North Carolina, Indiana, Georgia y Missouri. Los hispanos podrían inclinar de nuevo la contienda a favor de los demócratas en los tres primeros (hasta 2008, feudos republicanos), así como permitir la conquista de los dos últimos al Presidente Obama, que se quedó a las puertas de conseguir la mayoría en ambos hace cuatro años.

Ante semejante panorama, sería sensato esperar por parte de los candidatos republicanos algún guiño hacia este sector de la población, quizás en la línea del “conservadurismo compasivo” del Presidente George W. Bush que tan buenos resultados le dio a su partido en las elecciones de 2004 (cuando obtuvo más de un 40% del voto latino).

Tradicionalmente, la estrategia electoral republicana hacia los latinos ha constado de dos frentes: por un lado, desmovilizar el voto anti-republicano de muchos hispanos cargando contra las promesas incumplidas de los demócratas hacia esa comunidad (algo que se viene haciendo en los últimos años con el Presidente Obama); por otro, captar el voto de los hispanos, especialmente de aquellos de segunda y tercera generación, poniendo el énfasis en dos mensajes: el conservadurismo social del Partido Republicano y el militarismo del GOP en política exterior (el servicio militar sigue siendo una de las principales vías a la ciudadanía para los hispanos, así como de ascensión social).

En lo que llevamos de campaña por la nominación presidencial republicana, la población hispana no ha recibido especial atención puesto que los tres primeros estados en celebrar caucus o primarias (Iowa, New Hampshire y South Carolina) no cuentan con porcentajes importantes de votantes latinos. Sin embargo, los distintos debates han permitido delimitar la posición de unos y otros sobre los temas que afectan a esta comunidad. Algunos candidatos han realizado gestos hacia los latinos en el tema de inmigración, bien mostrando su apoyo a la disminución de deportaciones que impliquen la ruptura de familias (caso de Newt Gingrich), bien mostrando su apoyo al “Dream Act” o propuesta para legalizar a miles de estudiantes indocumentados (caso del Gobernador de Texas Rick Perry).

Sorprendentemente para algunos, Mitt Romney se viene empeñando en mostrar una posición de especial dureza retórica hacia la inmigración ilegal. La razón, probablemente, no es otra que reforzar su "pedigrí conservador" ante las bases y simpatizantes de su partido, puesto en duda por su historial de decisiones centristas y consensuadas con los demócratas en materias como el aborto o el seguro médico durante su etapa de Gobernador de Massachussets (2003-2007). Hay quien especula que una vez obtenida una clara ventaja en la carrera por la nominación de su partido, quizás tras las primaras de Florida a finales de enero, el candidato Romney comenzará a rebajar el tono y a realizar crecientes guiños hacia los latinos. ¿Será demasiado tarde?

Pablo León Aguinaga es historiador especialista en relaciones internacionales y Estados Unidos. Puedes seguirle en Twitter (@pleonagu).



© ZGS 2013

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