La jubilación es uno de esos eventos que vemos demasiado distante como para prestarle atención. Cuando somos jóvenes ni siquiera pensamos en ella... y a medida que crecemos nos concentramos en otros cambios significativos que van pasándonos y en construir para que nuestra familia tenga la vida que hemos soñado para ella. Pero eventualmente llega ese momento en el que pasamos a formar parte de las filas de los jubilados y más de una persona llega a este punto sin estar preparada.
Estar preparado no implica solamente tener los ahorros suficientes para costear nuestro estilo de vida y gastos habituales sin la necesidad de generar ingresos. Estar preparado es dar un paso más allá: tener el presupuesto para lidiar con los gastos médicos propios de esa etapa, no arrastrar deudas de ningún tipo, generar ingresos pasivos que nos permitan seguir recibiendo flujos de dinero sin afectar la estabilidad de nuestro patrimonio, tener nuestras inversiones y activos en instrumentos financieros con el nivel de riesgo y liquidez necesarios para nuestro perfil, entre otros importantes pilares que nos permitirán sostener nuestras finanzas mientras dure esta etapa.
Como hemos mencionado en varios de los posts publicados, el tiempo es uno de los activos más valiosos cuando hablamos de finanzas personales. Éste no solamente nos permite planear y organizarnos, sino también nos ofrece la posibilidad de acumular de manera paulatina (aportando de a pocos para alcanzar un gran objetivo final) y beneficiarnos de los efectos del interés compuesto. Empezar a planear nuestra jubilación desde jóvenes mejora nuestras posibilidades de alcanzar esta etapa en una posición financieramente sólida.
Hay una serie de factores que tenemos que considerar cuando pensemos en cómo prepararnos para la jubilación. Por un lado, es importante conocer la normativa que existe en nuestro país con relación al tema. Cada realidad ofrece escenarios distintos: sistemas privados o públicos; fondos con aportes de nuestro empleador, propios o combinados; edad de jubilación obligatoria mayor o menor; posibilidad de seleccionar o no los instrumentos financieros en los que invierte el fondo y/o el nivel de riesgo de la cuenta donde tenemos nuestros aportes; y una larga lista de etcéteras.
También es importante considerar la posibilidad de diversificar nuestro fondo de jubilación. El dinero que ahorramos para este importante momento suele estar en un solo fondo y no es común que las personas establezcan mecanismos alternativos de ahorro para este fin. Sin embargo, en la medida de lo posible, sería recomendable hacerlo pues así nos protegemos de los múltiples riesgos que podrían amenazar nuestra tranquilidad financiera en el futuro.
Otro factor importante que debemos considerar es que las cosas están cambiando rápidamente y, como consecuencia, podría tocarnos un escenario distinto cuando llegue nuestra jubilación. Las expectativas de vida han aumentado mucho en los últimos años y eso podría tener dos importantes impactos: empujar las edades de jubilación y aumentar la cantidad de años de vida post-jubilación durante los cuales dependeremos del fondo que hayamos acumulado.
Debemos de considerar la jubilación como parte de nuestro plan financiero partiendo lo más pronto posible y tenemos que proyectarnos a nuestras necesidades en ese momento. Existen diversos mecanismos que nos permiten calcular cuánto tenemos que ahorrar para el momento de jubilación y está en nuestras manos decidir si queremos hacer algo al respecto o no. Finalmente, las consecuencias no solamente nos impactarán a nosotros, sino también a nuestra familia y entorno.
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