El mes de junio se cerró con dos decisiones históricas del Tribunal Supremo que podían interpretarse como grandes victorias del Presidente Obama: la derogación de buena parte de la Ley de Inmigración de Arizona (más la posibilidad de una declaración de inconstitucionalidad del conjunto más adelante) tras una demanda del Departamento de Justicia; y la convalidación del mandato universal impuesto por el Obamacare, principal logro legislativo de la administración Obama. Ambas decisiones parecía que podían elevar los asuntos migratorio y sanitario a cuestiones centrales en la presente campaña electoral.
Entonces, y sin apenas tiempo para que la campaña
del Presidente rentabilizase políticamente ambas decisiones, el viernes pasado se
hicieron públicos los últimos datos sobre el mercado de trabajo americano:
durante el mes de junio la economía americana apenas añadió un total de 80.000
nuevos empleos, lo que supone que la cifra de desempleo se mantuvo estable en el
elevado 8.2% al que ascendió el mes anterior (pese a que la creación de empleos
fue positiva, el porcentaje total se mantiene estable al no ser suficiente para
contrarrestar el incremento natural de la población).
Pese a que el sector
privado encadena más de dos años de creación positiva de puestos de trabajo, el
sector público volvió a destruir empleo el mes pasado (producto de las
políticas de recorte del gasto público por parte de las administraciones
públicas de todo signo a lo largo y ancho del país).
Entre los latinos, el índice de desempleo se mantiene algo por encima del 11%, dato superior a la media que refleja principalmente la continua debilidad de la construcción y el enfriamiento del sector servicios, áreas de la economía tradicionalmente importantes para la comunidad hispana.
A estas alturas, los expertos estiman que el índice
de desempleo se mantendrá por encima de 8% el próximo noviembre, una cifra casi
desconocida en las últimas décadas.
Más allá del drama humano que esos números aparejan, las últimas cifras en términos puramente electorales confirman lo que muchos
predecían hace ya un año dado el oscuro panorama económico en la Unión Europea
(principal socio comercial y financiero de los Estados Unidos) y el
enfriamiento de la economía global (desaceleración del crecimiento en algunas
de las principales economías emergentes
como China y Brasil): la situación económica del país (principalmente el índice
de desempleo) será el asunto capital y más determinante en los resultados de
las próximas elecciones.
Y si echamos una mirada al pasado más reciente en la historia de las elecciones presidenciales, la campaña de Mitt Romney tiene motivos para la confianza en una victoria que de momento le niegan las encuestas, puesto que las tres últimas campañas presidenciales desarrolladas en un clima de desazón económica terminaron con derrota del candidato del partido representado por quien era entonces Presidente, caso de 1980 (victoria de Ronald Reagan sobre el Presidente Carter), 1992 (victoria de Bill Clinton sobre el Presidente Bush) y 2008 (victoria del Presidente Obama sobre el senador republicano John McCain).
Así, no es de extrañar que el Presidente Obama hiciera
pública este lunes una propuesta en materia económica dirigida a retomar la
iniciativa política en el principal campo de batalla electoral.
Su oferta al
Congreso de extender los recortes impositivos de la era Bush a las clases
medias e incrementárselos a los sectores más pudientes no tiene ningún viso de
prosperar ante el control republicano de la Cámara de Representantes, pero avanza
el discurso clasista con el que los
demócratas están tratando de dañar la imagen de Mitt Romney, quien de hecho no
consigue despegar en las encuestas pese a la coyuntura económica.
El exgobernador de Massachussets, por su parte, parece estar guardando toda su artillería para los meses finales de la campaña, quizás consciente de que la delicada situación económica juega a su favor ante el inevitable desgaste que ésta implica para el candidato y el partido que ocupan el poder.
Pablo León Aguinaga es historiador especialista en relaciones internacionales y Estados Unidos. Puedes seguirle en Twitter (@pleonagu)
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