El temor por la inseguridad se apodera de Uruguay en plena campaña electoral

El aumento de los robos con violencia transformó el temor por la inseguridad en uno de los temas más destacados de la campaña para las elecciones presidenciales en Uruguay, a pesar de que este pequeño país de América del Sur aún parece un remanso de paz en una región carcomida por la criminalidad.

El aumento de los robos con violencia transformó el temor por la inseguridad en uno de los temas más destacados de la campaña para las elecciones presidenciales en Uruguay, a pesar de que este pequeño país de América del Sur aún parece un remanso de paz en una región carcomida por la criminalidad.Precisamente antes de la segunda vuelta del domingo, el candidato de derecha Luis Lacalle, detrás del ex guerrillero José Mujica en los sondeos de intención de voto, decidió difundir un anuncio en el que se suceden imágenes de videovigilancia de comercios asaltados.El ex-presidente liberal (1990-95) promete "mano dura" contra la delincuencia, aumentando de cinco a diez años de cárcel la pena máxima para los jóvenes de entre 16 y 18 años, considerados en buena medida responsables del aumento de la "inseguridad".Mientras el desempleo y la pobreza se reducen, en el marco de la recuperación económica, el saliente gobierno de izquierda ha registrado un "estruendoso fracaso" en materia de seguridad, según el politólogo Adolfo Garcé.Los robos sin violencia son el doble de los de hace veinte años y los realizados con violencia aumentaron un 28% desde 2005 (10.705 denuncias en 2008) y son cinco veces superiores a los de 1989.En el origen de los mismos, según muchos uruguayos, está la 'pasta base' (una droga muy tóxica y adictiva elaborada con desechos del proceso de elaboración de la cocaína) cuyo consumo se disparó tras la crisis de 2001.Ante el alza de la delincuencia, más de un tercio de la población (36,3%) decía estar dispuesto a fines de 2008 a aceptar un golpe de Estado para garantizar la seguridad pública, según el barómetro de las Américas de la universidad estadounidense de Vanderbilt.En Montevideo, muchos de quienes disponen de recursos equipan sus casas con rejas o alarmas, y la mayoría de los edificios acomodados tienen portero las 24 horas del día.Este pequeño país de 3,3 millones de habitantes, rodeado por Brasil y Argentina, sigue estando, sin embargo, al abrigo de los principales flagelos de la región."No hay secuestros extorsivos. No hay un nivel de criminalidad organizada como se puede ver en México, Colombia, Venezuela o Brasil", indica Rafael Paternain, director del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad, dependiente del Ministerio del Interior.El número de asesinatos sigue estable respecto a hace 20 años atrás, en torno a "6 por cada 100.000 habitantes, es decir una de las tasas más bajas de América Latina junto a Costa Rica y Chile", agrega. Nada que ver con las cifras registradas en Ciudad Juárez, en México (130 homicidios por cada 100.000 habitantes) o Caracas (96)."Si se compara con Colombia, Brasil, Venezuela el nivel de violencia es mucho más bajo, pero en materia de inseguridad el ciudadano compara con su situación de cinco o diez años atrás", destaca el sociólogo Nicolás Trajtenberg.El aumento de las agresiones tiene así un fuerte impacto psicológico en una país envejecido, donde muchos crecieron sin preocuparse por la inseguridad. "Acá, uno tenía la puerta abierta de su casa. Ahora no, no se puede dejarla abierta", se lamenta Líber Rodriguez, un vendedor de diarios de 56 años.Para Paternain, esta creciente sensación de inseguridad refleja también el deterioro del modelo social igualitarista de Uruguay, bautizado 'la Suiza de América', a mediados del siglo XX, a causa entre otras cosas de su buena salud económica y su tranquilidad."La seguridad era un criterio esencial de ese esquema. Pero desde hace 40 años, el modelo uruguayo viene sufriendo crisis tras crisis. Hay un proceso de desintegración, de segregación, de emigración muy fuerte. Esto generó conflictos sociales y políticos. Tuvimos una dictadura entre 1973 y 1984. Esto instaló un proceso de inseguridad estructural", agrega Paternain.

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