holaciudad! visita carrera de NASCAR

En un flamante Camaro, conducido por el conocido Brett Bodine, vivimos en carne propia (¡a más de 100 millas por hora!) los retos y complicaciones que hacen de la RIR una de las pistas favoritas para los pilotos de NASCAR.

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Por José R. Ballesteros

Especial para holaciudad!

El sábado 2 mayo en la Richmond International Raceway, durante las preparativas de la carrera estelar Crown Royal 400 del Sprint Cup Series, NASCAR dio la bienvenida oficial a holaciudad!

Nuestra visita comenzó con un encuentro en el edificio de prensa de la pista. Luego de haber recibido las credenciales que nos otorgarían un tipo de acceso total durante la carrera, tuvimos la oportunidad de viajar a bordo del pace car oficial del evento. En un flamante Camaro, conducido por el conocido Brett Bodine, vivimos en carne propia (¡a más de 100 millas por hora!) los retos y complicaciones que hacen de la RIR una de las pistas favoritas para los pilotos de NASCAR.

Luego de volvernos la sangre a los cuerpos iniciamos el tour del garaje al aire libre donde los equipos preparaban a los autos para las inspecciones pre-carrera. Allí pudimos ver a los mecánicos de los grandes -Los Busch, Earnhardt Jr., Gordon, etc.- en acción. También vimos, ¡por fin!, al coche 42 del colombiano Juan Pablo Montoya. De los garajes los autos partieron hacia un número de interminables inspecciones para terminar en la fila en pits que los encaminaría hacia la pista.

El primer encuentro entre holaciudad! y los choferes de la serie Sprint ocurrió durante la reunión de dueños y pilotos donde los dirigentes de la pista anunciaron las reglas y procedimientos para la carrera. Podíamos sentir la ansiedad de todos en el mitin. Luego de la lectura de varias regulaciones y una oración por la salud de todos los participantes, todos salieron rápidamente para iniciar el proceso que los tendría detrás del volante de estos superbólidos.

Sería durante la espera a que se enciendan los motores que aprendimos que nuestras credenciales ''Hot Pass" nos darían acceso directo a los conductores justo antes de encender los motores. En ese momento nos plantamos justo a lado del coche de Juan Pablo Montoya quien luego de saber de nuestra procedencia y de firmar un par de autógrafos nos invitó a posar para un par de fotos.

Con esto ya nos íbamos contentos a ver la carrera desde algún lugar del espectacular RIR, cuando, de repente, la directora de relaciones públicas de Montoya nos preguntó si queríamos pasar a ver algunas vueltas desde la tarima del mismo equipo. Nos quedamos con la boca abierta y se nos iba la baba al subir la escalerita hacia el centro de operaciones del coche 42. Desde allí seguimos el progreso del piloto colombiano hasta que hizo pits en la vuelta 96. Montoya terminó la carrera en un muy respetable décimo lugar.

Terminamos nuestra gira en la cabina de prensa en una de las secciones más altas de los stands de Richmond. Desde ese lugar se veía absolutamente todo. ¡Qué velocidad! ¡Qué choques! Y ¡qué agallas! Al mirar tanta peripecia recordamos nuestro viaje inicial ese día a Richmond y nos imaginamos, ya casi en carne propia, lo que sería ser un mecánico o un dueño o hasta un piloto de NASCAR.

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