La globalización no puede desplazar a Dios

Ni la globalización, ni la era espacial, ni los eventos o descubrimientos científicos pueden ignorar o desplazar a Dios.

Ni la globalización, ni la era espacial, ni los eventos o descubrimientos científicos pueden ignorar o desplazar a Dios. Es aceptable que el final del siglo XX nos introdujo un nuevo orden mundial. Este evento histórico significó dos cosas: el fin del acuerdo político bipolar del mundo y el fin de un orden económico que dividía al mundo en dos economías, la capitalista y la socialista.

Lo que ha reemplazado el estilo de vida impuesto por la Guerra Fría, que perduró por más de cuatro décadas, es lo que ahora se le conoce con el nombre de globalización, en donde hay una hegemonía de los Estados Unidos, que dicho sea de paso sufre una decadencia creciente y asombrosa. La globalización que es la tendencia del momento, como los demás sistemas conocidos hasta hoy, privilegia la ganancia por encima de la persona, prestan el bienestar como la fuente de la felicidad, desplaza a Dios y coloca en su lugar al hombre, la materia, al mundo.

La globalización, por tanto, toca cuatro dimensiones fundamentales de nuestras vidas: la tecnológica, la económica, la política y la cultural. Con la tecnología, el tiempo y la distancia han sido acortados de manera dramática. La rapidez de la comunicación y de la transportación ha llevado al aumento del intercambio comercial y del consumo, al movimiento veloz de capitales, así como a una emigración masiva con el fin de suplir mano de obra barata a los países donde escasea la misma y al mismo tiempo para mejorar la situación política y económica de las clases mas desposeídas y golpeadas por el infortunio y el desempleo. La diversidad postmoderna parece orientarse a una homogeneización de la cultura. La identidad local se reafirma cada vez más por la incursión desbordante de lo global, lo cual ha llevado a violencias, resurgimiento del lenguaje y de las costumbres, acentuación de diferencias religiosas. Si antes vivimos el peligro constante de la Guerra Fría, hoy han crecido las pequeñas guerras dentro de cada Estado y nación, las cuales están creando un numero de refugiados mayor que el de la Segunda Guerra Mundial. Regresemos a Dios de nuevo a la humanidad.

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