El glaciar boliviano prácticamente desapareció

Glaciar de Chacaltaya, la estación de esquí más alta del mundo, a 5.300 metros de altura. Pero hoy no queda nada. El glaciar se derritió.

El andinista Alfredo Martínez conoce esta montaña pelada de memoria. Su 1era vez fue en el año 1953.

En aquel entonces, el glaciar Chacaltaya se extendía sobre 22 hectáreas. Motivo de orgullo para los bolivianos, el sitio albergaba entonces la pista de esquí más alta del mundo. Diversión garantizada para los turistas, a más de 5.300 metros de altura.

Hace 2 años que la pista está definitivamente clausurada. Del glaciar, sólo queda esto.

“Lo único que queda de Chacaltaya, todavía hay una base que está desapareciendo que tiene un poco de hielo, que no va a durar más que este año. La roca era tan fría que se conservaba la nieve, pero ahora en pocos segundos ha desaparecido”, dice Alfredo Martínez, Fundador del Club Andino Boliviano.

Victima del calentamiento global, el glaciar Chacaltaya se derritió mucho más rápido de lo que habían previsto los científicos. Algo preocupante para el futuro de los glaciares tropicales y de todo el ecosistema regional.

“Es un indicador importante de lo que puede pasar en las otras montañas, y que va a provocar cambios también sobre otros ecosistemas”, comenta Edson Ramírez, Glaciólogo, responsable del proyecto “Glaciares y Recursos en Agua en los Andes Tropicales”, Instituto de Hidrología de La Paz.

No solamente los científicos o los mayores se preocupan. La desaparición de Chacaltaya inquieta también a las nuevas generaciones.

“Los nevados tan hermosos que tenemos en la Cordillera, impresionante, se nos está yendo. Porque ya no van a llegar los turistas y si ya qué vamos a mostrar si se nos está desapareciendo el nevado ¿no?”, argumenta Mayra, Estudiante en turismo.

A los 74 años, Alfredo siente que es el fin de una historia.

“Ver la montaña para mí, con la nieve, era como ver una novia. Y ahora la ven sin su velo”, añade Alfredo Martínez, Fundador del Club Andino Boliviano.

Bolivia pidió recientemente a los países industrializados que paguen su deuda climática. Mientras tanto, el país más pobre de Sudamérica ya lanzó algunos programas de gestión de los recursos hídricos previendo la desaparición de sus glaciares.

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