Francés Campillo lleva a Cannes un sólido drama sobre la lucha contra el sida

La lucha contra el sida a comienzos de los noventa centra "120 battements par minute", un sólido filme coral que compite hoy en Cannes y con el que el francés Robin Campillo traza un intenso retrato de la época en la que el mundo se dio cuenta de la amplitud de la epidemia.

Francés Campillo lleva a Cannes un sólido drama sobre la lucha contra el sida Francés Campillo lleva a Cannes un sólido drama sobre la lucha contra el sida

Francés Campillo lleva a Cannes un sólido drama sobre la lucha contra el sida

La lucha contra el sida a comienzos de los noventa centra "120 battements par minute", un sólido filme coral que compite hoy en Cannes y con el que el francés Robin Campillo traza un intenso retrato de la época en la que el mundo se dio cuenta de la amplitud de la epidemia.

Un filme sobre "la cólera, la felicidad, la vida, la muerte y la política" en palabras de Adèle Haenel, una de las actrices que forma parte de un amplio reparto que hace creíble una historia que ha sido bien recibida en el festival, pero que transmite una sensación de "déjà vu".

Un grupo de jóvenes, todos ellos portadores del VIH o enfermos de sida, forman parte del grupo de activistas Act Up, al que Campillo perteneció y cuyo objetivo era que el Gobierno francés de François Miterrand y los laboratorios farmacéuticos facilitaran el acceso a nuevos medicamentos, muy restringidos en aquel momento.

Campillo fue coguionista de "La clase", de Laurent Cantet, ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 2008 y aunque con historias muy diferentes, las dos películas se asemejan mucho en el tratamiento de la relación de los jóvenes y en el espacio físico en que se desarrollan, un aula de instituto en aquella y la sala en la que se celebran las reuniones del grupo en esta.

Incluso, como reconoció hoy Campillo en rueda de prensa, utilizó el mismo sistema de "La clase" de no hacer surgir inmediatamente los personajes principales de la película.

Si en un principio se centra más en los personajes de Sophie (Haenel) o Thibault (Antoine Reinartz), la historia gira después hacia la relación amorosa de uno de los recién llegados al grupo, Nathan (Arnaud Valois) con uno de los más veteranos, Sean, interpretado por el argentino Nahuel Pérez Biscayart.

A través de la degradación del estado de salud de Sean, Campillo muestra la urgencia del grupo por mejorar la atención sanitaria de los enfermos, sus luchas contra la administración y las farmacéuticas y sus acciones, cada vez más fuertes para tratar de llamar la atención de la sociedad.

Un mundo que Campillo conoce muy bien ya que perteneció a Act Up en la época en la que sitúa una película que siempre quiso hacer pero que fue postergando con el paso de los años.

Ahora sintió que era el momento, antes de meterse en otros proyectos. "Tenía miedo de afrontar un tema muy importante para mí, crucial en mi vida, no está relacionado con la actualidad", explicó.

Aunque sí trazó un cierto paralelismo entre lo que cuenta la película, esa lucha contra el sida, o los problemas de racismo existentes hoy día en Francia, que también provocan movimientos de solidaridad, pero en menor medida.

"La película no es para dar consejos, es para recordar lo que eran esas reuniones de gente que nunca se hubieran conocido si no hubieses sido por la epidemia y que formaron un movimiento bastante fuerte. No sabría qué decir hoy en día para movilizar a la gente", explicó el realizador.

Un filme que con su título, "120 battements par minute" ("120 latidos por minuto") quería recordar la música house que los jóvenes de la época bailaban en las discotecas, momentos de distensión de los protagonistas que dan un respiro al dramatismo de una historia en la que Campillo no ahorra las imágenes más duras de la enfermedad o de la muerte de alguno de los personajes.

"Yo viví algunas de las cosas que se ven en el filme. Yo vestí a un amigo que murió. Cuando lo vives es diferente, no experimentas una emoción simple, no se trata solo de llorar, hay una especie de dificultad para vivir el momento", explicó.

Un "ascensor emocional", como lo calificó Reinzart, quien hizo hincapié en que en el fondo los protagonistas de la historia "son solo jóvenes de 25 años que ven cómo sus sueños se derrumban".

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