El 1 de mayo de 2011 las fuerzas especiales de la Armada mataron en su
refugio paquistaní al que fue enemigo público número 1 de los Estados Unidos de
América durante más de una década: Osama Bin Laden. Sin duda, aquel desenlace
generó entre el pueblo americano un profundo sentimiento de desagravio ante el recuerdo
de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El Presidente Obama expresó ese sentir
durante la comparecencia en la que informó de la operación contra Bin Laden,
además de repasar las grandes prioridades de su estrategia como Comandante en
Jefe durante su primer mandato: el descabezamiento de Al Qaeda y el fin de la Guerra de Irak [Video].
En ambos frentes los progresos han sido sensibles desde aquel entonces,
como demuestra la retirada de las tropas de combate americanas de Irak a
comienzos de este año y la continua aniquilación de decenas de miembros de Al
Qaeda mediante el novedoso uso de aviones no tripulados en Afganistán,
Pakistán, Yemen y Somalia. Como era de esperar, una vez la campaña presidencial
se ha puesto en marcha tras la confirmación de Mitt Romney como rival republicano
del Presidente Obama, el candidato demócrata se ha lanzado a rentabilizar
políticamente los que se perciben como sus dos grandes éxitos en política
exterior y de defensa. Curiosamente, quien apenas hace cuatro años era
criticado por su principal rival demócrata –ahora convertida en su Secretaria
de Estado- como un candidato débil en política exterior (véase el famoso video
de la “llamada a las 3am”
[Video], pasa ahora al ataque poniendo en duda la fiabilidad y capacidad de
Mitt Romney en materia militar y de política exterior. Y para ello ha contado
con la inestimable colaboración del esposo de su Secretaria de Estado y el que
fuera el primer Presidente en comenzar la caza de Osama Bin Laden a finales de
los años noventa: Bill
Clinton [Video].
La campaña del Presidente Obama se ha lanzado claramente a la ofensiva
aprovechando el mencionado aniversario. Sorprendentemente, este movimiento
parece haber cogido por sorpresa a Mitt Romney y su equipo. En una nueva muestra
de inconsistencia (y ya son muchas), el todavía precandidato republicano ha
tenido que cambiar de discurso en solo dos días y reconocer el mérito del Presidente
Obama al ordenar la operación contra Bin Laden. Más importante si cabe, la enorme
popularidad y fuerza simbólica de aquella operación más la agresiva utilización
de los aviones no tripulados parecen haber acabado con cualquier intento del
futuro candidato republicano de retratar al Presidente Obama como débil en política
de defensa (principalmente ante China e Irán). Y esto no es algo menor, puesto
que los candidatos republicanos han explotado con éxito esa línea argumental en
su lucha política con los demócratas en numerosas ocasiones desde la
accidentada presidencia de Jimmy Carter (1977-81). El caso reciente más
memorable fue la elección presidencial de 2004, en la que el Presidente Bush
consiguió una ajustada reelección tras cuestionar con éxito ante la opinión
pública las credenciales de su oponente en materia de seguridad.
Pero los problemas del precandidato republicano para dar con un
discurso ganador en política exterior no terminan ahí, puesto que el otro gran
frente tradicional de enfrentamiento partidista en política exterior, las
relaciones comerciales, tampoco parecen ofrecer grandes posibilidades a Mitt
Romney. Al fin y al cabo, el candidato republicano ha apoyado los dos Tratados
de Libre Comercio (con Corea del Sur y Colombia) sellados por la administración
Obama. Algo más de margen parecía ofrecerle el año pasado su crítica a la supuesta
“debilidad” de Obama ante la política monetaria de China (acusada de
competencia desleal), pero la reapreciación del Yuan desde entonces parece
haber privado a Romney de su principal arma arrojadiza contra su rival
demócrata en política comercial.
Así pues, y a excepción de alguna crisis internacional de última hora con
consecuencias directas para los Estados Unidos, el Presidente Obama parte con
clara ventaja en política exterior y de defensa frente a Mitt Romney. No es por
lo tanto de extrañar que la campaña del Presidente haya elegido esa área para
lanzar sus primeros ataques directos contra el futuro candidato republicano y
que mantenga estos durante toda la campaña; del mismo modo, lo más probable es
que Romney y su partido centren sus mensajes de campaña en las otras dos
grandes áreas que analizaremos en los próximos capítulos de nuestro blog:
derechos civiles y, sobre todo, economía.
Pablo León Aguinaga es historiador especialista en
relaciones internacionales y Estados Unidos. Puedes seguirle en Twitter @pleonagu
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