En 2008, el entonces Senador Obama, además de ser el primer afroamericano en encabezar el ticket presidencial de uno de los dos grandes partidos, era percibido en amplios sectores de su partido (mujeres, sindicalistas y liberales) como un intelectual de vocación centrista en materia económica y social. De hecho, buena parte de esas bases apoyaron a Hillary Clinton durante las disputadas primarias, apoyo que Barack Obama solo fue capaz de contrarrestar gracias al empuje de minorías y jóvenes, además de por su oposición sin fisuras a la extremadamente impopular Guerra de Irak.
La elección del vicepresidente permitió a Obama tener un gesto hacia esos sectores de su partido que no le habían apoyado, y que además se asemejaban en cierta manera a un electorado fundamental para conseguir un buen resultado en los estados claves del Medio-Oeste: asalariados de cuello azul. Estos votantes, en su mayor parte adultos blancos de mediana edad cuya seguridad laboral depende del sector industrial, de raíces católicas y con un nivel educativo medio, no eran precisamente el tipo de individuo en sentirse atraído de entrada por un joven afro-americano protestante de impecables modales y educado en Harvard.
La elección del sexagenario católico Joe Biden,
entonces el Senador con menores bienes de todo el Capitolio y conocido por su
lenguaje popular y estrechos vínculos a los sindicatos, se demostró el
complemento perfecto: Obama no solo ganó los estados tradicionalmente más
disputados del medio-oeste como Ohio, Wisconsin y Iowa, sino que incluso capturó
el tradicionalmente republicano Indiana y se quedó a un puñado de votos de
hacer lo mismo en Missouri. El hecho de que Biden vaya a repetir en el ticket
presidencial demócrata en 2012 (el año pasado se especuló con otros nombres),
remarca que el Presidente Obama vuelve a confiar en el experimentado político
de Delaware para volver a obtener la confianza de los sectores mencionados.
Después de imponerse en las primarias más por el
descrédito de sus contrincantes que por su capacidad para entusiasmar a las
bases republicanas, Mitt Romney tiene varios meses para elegir la pareja de
baile que le permita derrotar al Presidente Obama en noviembre. El perfil del
elegido el próximo agosto nos dirá mucho sobre el tipo de campaña electoral que
seguirá el candidato republicano durante los meses claves de la contienda.
Si por ejemplo Romney opta por un compañero cuyo
perfil supuestamente le permita acercarse a grupos de la población
tradicionalmente afines a los demócratas (mujeres, hispanos, asalariados de cuello
azul), la señal es que los republicanos se sienten con muchas posibilidades de
conquistar la Presidencia puesto que se estarían centrando en cortejar el voto centrista
e incluso el tradicionalmente hostil. Si por el contrario el perfil del
candidato a vicepresidente puede entenderse como un guiño a las bases ideológicas,
étnicas y demográficas del actual GOP, como ocurrió en 2008 con la elección de
Sarah Palin, la señal será que Mitt Romney tiene pocas opciones de conseguir la
victoria y que estas pasan por movilizar a las bases propias y desmovilizar a
los típicos votantes demócratas mediante una campaña abiertamente negativa
(como la que Romney ha realizado durante las primarias contra Newt Gingrich
primero y Rick Santorum después).
A falta de más de seis meses los principales analistas del país barajan una larga lista de nombres, entre los que destacan a día de hoy los de los Gobernadores de New Jersey (Chris Christie), Indiana (Mitch Daniels), Virginia (Bob MacDonnell) y New Mexico (Susana Martínez), así como los Senadores Rob Portman de Ohio y Marco Rubio de Florida. Como puede comprobarse, la mayor parte de ellos representan estados en juego el próximo noviembre (véase mi post anterior). Aunque el perfil de todos ellos es heterogéneo, podríamos avanzar que la elección de Christie, Rubio o Martínez por parte de Romney podría interpretarse como una muestra de optimismo, ya que el perfil de los tres es más adecuado para intentar capturar votantes tradicionalmente demócratas entre las clases medias, mujeres e hispanos; por otro lado, la elección de MacDonell, Portman y Daniels podría interpretarse como un reconocimiento intrínseco de que el rival demócrata parte con ventaja y de que Romney se ve obligado a garantizarse la fidelidad del típico votante republicano, mejor representado por estos políticos. Sin embargo, en mi opinión, no sería extraño que emergiera alguna figura más representativa del Sur republicano.
Pablo León Aguinaga es historiador especialista en relaciones internacionales y Estados Unidos. Puedes seguirle en Twitter (@pleonagu).
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