La crisis institucional argentina, un culebrón grave y burlesco

La crisis institucional argentina desencadenada por la presidenta Cristina Kirchner al destituir al titular del Banco Central, Martín Redrado, se transformó desde hace cinco días en un culebrón que oscila entre lo grave y lo burlesco.

La crisis institucional argentina desencadenada por la presidenta Cristina Kirchner al destituir al titular del Banco Central, Martín Redrado, se transformó desde hace cinco días en un culebrón que oscila entre lo grave y lo burlesco."Esta situación es ridícula", lanza en lo más alto de la crisis el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, al quejarse porque la policía no logra localizar a la jueza María José Sarmiento para presentar una apelación tras la decisión de la magistrada de restituir a Redrado a su cargo."Vamos a seguir buscando a la jueza", sigue diciendo por televisión el viernes y agrega: "El título de la novela (culebrón) debería ser: 'Jueza de feria, se busca'".La noche siguiente, el teléfono suena a las dos, luego a las tres de la madrugada en la casa de la magistrada.Cansado de los llamados anónimos, el marido desconecta el aparato. A las 07H30, un subcomisario toca el timbre y dice a la jueza que la presidenta y el jefe de Gabinete la están buscando.Un vehículo policial, apostado frente a su domicilio, sigue sus más mínimos movimientos. Ante estas presiones, la jueza decide contarle todo a la prensa.Esta crisis, que pone en ebullición a los tres poderes del Estado, estalla porque la presidenta reprocha a Redrado haber demorado la puesta a disposición del Poder Ejecutivo de 6.500 millones de dólares de reservas para pagar la deuda en 2010.Unos días antes, la mañana del miércoles, la presidencia había anunciado que pidió a Redrado que renunciara. Aníbal Fernández y el ministro de Economía, Amado Boudou, lo confirmaron. Pero no contaban con la opinión del principal interesado, quien se negó a irse. En el gobierno hubo pánico: nadie se había imaginado esta eventualidad.Al día siguiente, el jefe del Banco Central va a su trabajo como siempre. Hace algunas declaraciones a la prensa y asegura que seguirá "garantizando la estabilidad financiera".Furiosa, la presidenta Kirchner redobla la apuesta: convoca a todos sus ministros que, en pleno verano, están de vacaciones. Se los ve llegar uno por uno a la Casa Rosada, decepcionados por haber tenido que dejar las playas. El gabinete de ministros en pleno firma un decreto de destitución de Redrado.El jefe del Banco Central, ex 'golden boy' del ex presidente Carlos Menem (1989-99), se queda en su casa la mañana del viernes, pero no renuncia a su cargo e interpone un recurso ante la justicia.Aparece en escena el vicepresidente Julio Cobos (de la socialdemócrata Unión Cívica Radical), quien pasó a la oposición desde el prolongado conflicto agrario en 2008 y es considerado un traidor en los círculos del poder.Cobos suspende sus vacaciones y vuelve a su despacho del Senado, donde inicia consultas con los jefes de la oposición, convencidos de que Kirchner violó la independencia del Banco Central y la Constitución al no consultar al Congreso.Aníbal Fernández pide inmediatamente la renuncia de Cobos, mientras que Néstor Kirchner, ex presidente (2003-2007) y marido de la mandataria, lo acusa de estar detrás "de una conspiración permanente".Esa mañana en el Banco, la situación es kafkiana. El vicepresidente, Miguel Angel Pesce, toma la presidencia y ordena a algunos funcionarios abrir una cuenta para depositar los 6.500 millones de dólares. Los que se niegan son echados.A media tarde, la cuenta está abierta pero la transferencia de fondos aún no fue hecha.Momentos más tarde, la jueza Sarmiento restablece en sus funciones a Redrado, quien vuelve inmediatamente al Banco y declara ante las cámaras, como un actor que aprendió correctamente su libreto: "Se hizo justicia".

Más noticias

0 Comentarios