¿Por qué coronamos a María como Reina y Madre?

No solo con orgullo y alegría coronamos a la Santísima Virgen como Madre y Reina del Universo, sino que al mismo tiempo la veneramos porque es la Madre de Jesucristo y Madre nuestra.

No solo con orgullo y alegría coronamos a la Santísima Virgen como Madre y Reina del Universo, sino que al mismo tiempo la veneramos porque es la Madre de Jesucristo y Madre nuestra.

Como sacerdote mariano me da mucha emoción hablar de nuestra Madre del Cielo, por la cantidad de bendiciones que ella brinda a todos sus hijos aquí en la tierra. Es una Madre que igualmente está preocupada por sus hijos predilectos: los sacerdotes, que con nuestras actitudes y desobediencia la entristecen cada vez más. ¿Qué haríamos los servidores de Cristo sin el amparo y la devoción a nuestra Santísima Madre? Ella como intercesora no puede faltar en ningún hogar cristiano, pues es el ánimo, la esperanza y el amparo de todos los hombres.

María es Madre y Reina porque ella brilla en el amor, la humildad, la mansedumbre, la pureza y la santidad. María tenía un carácter sereno, dulce, suave, pero sobre todo brillaba en ella una sonrisa inefable, unida a su bondad, la hacían ser una mujer muy acogedora. Sus ocupaciones eran las propias de toda mujer de aquel tiempo: trabajar en el hogar y atender a la familia, con esa monotonía diaria de la vida, sacrificándose por los suyos. Los sábados acudía María a la Sinagoga de Nazaret a escuchar atenta a la lectura de las Sagradas Escrituras. Reflexionaba la palabra de Dios y la meditaba en su corazón y la cumplía con buenas obras.

María vivió las costumbres propias del pueblo de Israel. Asistía a todas las fiestas a que era invitada, como lo hizo asistiendo con su hijo a las de Cana de Galilea. El tesoro más valioso de la Virgen María era su amor. Amor a Dios y amor a los pobres, a los humildes, a los desvalidos. María reconoce que todos los dones y gracias que posee los ha recibido de Dios. Para ella, Dios es todo y ella es su servidora. María siempre estuvo en gracia desde su concepción, fue redimida de modo eminente, en virtud de los futuros meritos de su divino hijo, enriquecida con la dignidad de ser la Madre de Dios. Ella es la llena de gracias, la llena de Dios y por tanto es inmaculada y limpia.

Dios destinó a María a ser Corredentora del Mundo y Medianera de Paz. Siendo María la señalada para ser la Madre de Dios, exigía el Altísimo una digna morada; por eso, María jamás estuvo bajo el dominio del pecado, sino que, desde el instante de su concepción fue poseedora de la gracia divina.

El nombre María significa amada de Dios. María, ante el saludo de su prima exclama: “engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se alegre en Dios mi Salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamaran bienaventurada porque ha hecho en mi favor grandes maravillas el Poderoso. Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.

En este mes de María invita a otros a rezar el Santo Rosario si quieres que en tu hogar haya paz y esperanza dale a María el puesto que se merece, corónala como reina y madre del hogar. ¡Ave María Purísima, sin pecado concebida!

Foto: Niños en la Parroquia de San Dismas en Waukegan, Illinois coronan a la Santisima Virgen María.

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