Con la boca abierta

Las multas por ofensas graves nunca son pequeñas. Están diseñadas para hacer arrepentirse al infractor. Pero la multa que recibió la empresa farmacéutica Pfizer a principios de este mes dejó a muchos con la boca abierta.

El Departamento de Justicia, luego de largas negociaciones, impuso a Pfizer una multa por $2,300 millones de dólares, el castigo monetario por ofensa criminal más grande que jamás se haya impuesto en la historia de Estados Unidos. La multa incluye una confiscación de beneficios de 105 millones de dólares. ¿Qué hizo la empresa para merecer ese trato?
El gobierno dijo que Pfizer promocionó fármacos con receta, entre ellos el analgésico Bextra, para fines médicos diferentes de para los que fueron aprobadas las drogas por los reguladores federales.
El uso de drogas en casos llamados "fuera de la posología" no es inusual, pero los fabricantes de fármacos tienen prohibido hacer mercadeo de esas drogas en tratamientos que no han sido específicamente aprobados con tal fin por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés).
 Y hay más.
Las autoridades federales dijeron que Pfizer es un infractor repetitivo, cuya última multa es la cuarta que negoció con el gobierno en la pasada década. Para promocionar sus drogas, Pfizer invitaba a médicos a centros hoteleros con todos los gastos de alojamiento y transporte pagados, más comidas, rondas de golf, y hasta masajes.
Pero lo que es quizás peor, Mike Loucks, de la oficina del fiscal federal en Massachusetts, dijo que mientras Pfizer era investigada y negociaba las multas por infracciones anteriores, continuó violando las mismas regulaciones con otras drogas.
Pfizer actuó repetidamente con descaro violando la ley y tenía bien merecido un enorme castigo. Es sorprendente que ningún ejecutivo de la empresa fuera a la cárcel. Tal vez la última multa en contra de Pfizer haya dejado a muchos con la boca abierta, pero no por ser tan grande, sino tan pequeña.

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