“El beso”

Fue mi obsesión por una estación entera. Parecía el sol encerrado en las dos siluetas.

Fue mi obsesión por una estación entera. Parecía el sol encerrado en las dos siluetas. La expresión de amor con la que esos dos amantes se abrazan y se funden en “El beso” es sencillamente sublime. Intenta contemplar el cuadro con un aria de Bach o un solo de viola al mejor estilo romántico de principios de siglo.  Al borde de un campo lleno de flores, parece un amor al borde del precipicio y la agonía. De coralinas adornada la besada, aferrada a la tierra con los pies tensos, como si quisiera enraizar el sentimiento en segundos.  El, cubriendo a su amada, en una actitud de ternura y pertenencia a la vez,  le acaricia la mejilla y con manos grandes y amorosas, le irradia…”El beso”.

Dos texturas distintas en el beso: él es recto, geométrico, trazado con negros y dorados. Ella es hecha de ondas, de esferas y filigranas de arco iris… Así es el amor.  Soles y lunas disparejas, noches y días de contraste, claros y oscuros de distancias, pero... cabe alguna diferencia en el amor, cabe alguna circunstancia a la distancia de… el beso?

Así me quedé inventando la historia de los amantes de Klimt. Miraba el cuadro, y cada vez que lo hacia, le inventaba tragedias o sonrisas nuevas. Algunas veces, historias fantásticas que colgaban de las piedrecillas de los pies de ella, otras cuantas, descubriendo que no era un beso, sino un susurro… y que Gustav  se había equivocado al darle el nombre a su obra gloriosa.

En fin,  la obsesión entera de mi primavera con sus tonos ocres y dorados  terminó colgada en un pasillo de mi casa, una réplica costosa en lienzo que pagué en partes, pero… toda inversión es buena si puedo tener algo parecido al “beso” que siempre deseé… “El Beso” de Gustavo Klimt que yace colgado en una galería de arte austriaco.

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