Los 'atrapanieblas', un paliativo ante la falta de agua en Lima

Los atrapanieblas, unas redes que atrapan la humedad que viene en las nubes bajas, se han convertido en una alternativa en las villas miseria de Lima, donde la población no tiene agua y debe conseguirla nueve veces más cara que en los barrios ricos.

Los atrapanieblas, unas redes que atrapan la humedad que viene en las nubes bajas, se han convertido en una alternativa en las villas miseria de Lima, donde la población no tiene agua y debe conseguirla nueve veces más cara que en los barrios ricos.Los más de 200 pobladores de Bellavista, en el sur de la capital peruana, han logrado con este método paliar en algo el problema. Ellos son parte del 1,3 millón de limeños que no tienen acceso al agua en una ciudad de 8 millones de personas."Parecía imposible atrapar niebla en una malla de plástico y que ésta se vuelva gotas de agua", dice a la AFP Noé Neira Tocto, secretario general del asentamiento humano Bellavista del Paraíso, una villa miseria al sur de Lima a menos de 5 km del océano Pacífico."Somos los primeros en tener atrapanieblas en los barrios pobres de Lima. Tenemos cinco paneles de 8x4 metros. Podemos recolectar hasta 60 litros de agua por noche en invierno", dice con orgullo el dirigente mientras señala cómo funcionan los paneles instalados en la cima de una montaña.Cada panel -que parece una red de voleibol- cuesta unos 2.500 soles (800 dólares), detalla Neira.El proceso es simple: la malla atrapa las gotas de agua de la niebla, que caen a una canaleta de aluminio en el borde inferior del panel. Las gotas se acumulan y caen por gravedad por canales a unos reservorios de cemento construidos a mitad de las lomas.Una parte del agua se desvía a un microhuerto donde se cultivan hortalizas y el resto se dirige a otros reservorios a nivel del suelo, donde los pobladores la usan en sus rústicas viviendas.En los reservorios la pobladora Olga Arce echa pastillas purificadoras para evitar los zancudos que transmiten el dengue, enfermedad que puede llegar a ser mortal.Los vecinos suben las lomas al amanecer para examinar el estado de las redes al menos dos veces por semana. Es un camino empinado y resbaloso. A las 5 de la mañana la visibilidad es casi nula en la cima, a unos 600 metros de altura.El agua les sirve para lavar ropa, cocinar y asearse, indica Olga Cajahuamán, que cultiva rábanos, acelga y especias "con el agua de la niebla".El proyecto "nació por el apoyo de una pareja de gringos", acota Neira, en referencia a dos biólogos alemanes de la ONG germana Alimón. Ellos convencieron en 2006 a los lugareños de aprovechar la densa neblina de la zona.El milagro funcionó y las faldas pedregosas y desnudas de la loma dieron paso a la vegetación en tres meses. El experimento 'Desierto verde' había tomado forma."La primera noche llenamos una botella de agua de 3 litros. La probamos y era agua dulce, no salada, apta para consumo. Era una buena noticia. La mala noticia es que se necesitaba tratamiento de cloro para depurarla", dice Neira.En 2007 ya había plantados los primeros 800 árboles pequeños de casuarinos y taras. En invierno, la época de mayor provecho, se captan unos 10.000 litros de agua. Esa cantidad representa un ahorro enorme para familias que reciben un máximo equivalente a unos 200 dólares al mes.El hidrólogo francés Alain Gioda, del Instituto de Investigación para el Desarrollo, señala a la AFP que "estas personas replican lo que hacían las poblaciones precolombinas hace 5.000 o 6.000 años, incluso antes. Pero antes era un sistema natural de arboles o plantas atrapanieblas, que captaban la humedad y recogían el agua el pie de los árboles"."Pero lo que era posible con esas técnicas y a la escala de un inmenso imperio (inca) de 8 millones de habitantes no es posible a la escala del país actual, de 28 millones de habitantes", agrega.Sin los atrapanieblas el único medio de los pobladores de Bellavista y otras barriadas pobres de Lima es comprar el agua a camiones cisterna privados, que la venden a 3 soles (1 dólar) por 200 litros.Es decir pagan 5 dólares por m3 de agua (1.000 litros), nueve veces más que en zonas residenciales de Lima, donde el m3 vale 0,55 centavos.

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