Zelaya espera escéptico en el diálogo de Honduras a punto de ruptura

El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, espera escéptico una respuesta el lunes del gobierno de facto sobre su retorno al poder, en un diálogo al borde del fracaso pese a la presión internacional que no logra poner fin a la crisis política.

El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, espera escéptico una respuesta el lunes del gobierno de facto sobre su retorno al poder, en un diálogo al borde del fracaso pese a la presión internacional que no logra poner fin a la crisis política."El diálogo está en suspenso, después de tanto trabajo. Seguimos en la mesa, pero no le tenemos ninguna confianza a un régimen que se burla del pueblo hondureño y la comunidad internacional. Estamos retrocediendo 100 años en la democracia", dijo Zelaya a la AFP.Los negociadores de Zelaya y del gobernante de facto Roberto Micheletti se reunieron el fin de semana por separado en un último intento por salvar un diálogo que, aunque empezó hace diez días en Tegucigalpa, arrastra el fracaso de las gestiones que inició en julio el mediador y presidente costarricense Oscar Arias.A casi cuatro meses del golpe de estado del 28 de junio, las conversaciones ni siquiera abordan si debe o no haber restitución, sino la institución que debe decidir: para el gobierno de facto la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y según el mandatario depuesto el Congreso.Tras postergados varios plazos de Zelaya para cerrar las pláticas, sus delegados volverán a la mesa el lunes si los representantes de Micheletti tienen una propuesta "que valga la pena", dijo el presidente."Es inaceptable que mi restitución la decidida la CSJ. Debe ser Congreso porque es un asunto político. Pero el régimen se niega a reconocer que hubo un golpe de Estado", manifestó Zelaya, cuyo mandato concluía el 27 de enero.Apoyado por los militares y los empresarios, Micheletti insiste en la CSJ, que acusa a Zelaya de querer cambiar la Constitución para buscar la reelección, y de otros delitos como corrupción o abuso de poder."Es un acuerdo político que debe de estar en el marco de la legalidad, que tiene un ropaje jurídico. Tenemos la esperanza de llegar al 100% del Acuerdo de San José. Analizaremos la contrapropuesta", dijo Vilma Morales, negociadora de Micheletti.Pese al complejo rompecabezas político y jurídico hondureño, la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) que supervisa el diálogo al menos ante prensa se sigue declarando optimista.La restitución es el único punto que falta por firmar del Acuerdo de San José, el plan de Arias que sirve de base al diálogo, luego de acordar temas sensibles como un gobierno de unidad y la renuncia de Zelaya a cambiar la Constitución.Pero ningún acuerdo está en firme si no se resuelve el central. Y mientras tanto se acercan las elecciones del 29 de noviembre, a las que apuesta Micheletti para liquidar el conflicto.Todos se preguntan lo que hará Zelaya si se rompe el diálogo. El lunes cumple cuatro semanas cercado por los militares en su encierro en la embajada de Brasil, su refugio desde que entró a Honduras el 21 de septiembre para presionar una negociación."Convocamos a los cancilleres de la OEA a aumentar las medidas contra el régimen, llamamos a condenar el fraude electoral que están preparando, pedimos al pueblo a que se sume a la lucha", aseguró.Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Nicaragua, Daniel Ortega, aliados de Zelaya evocaron este fin de semana la posibilidad de un movimiento armado para luchar contra el régimen de facto."Doy el beneplácito a la lucha pacífica, no a la violencia. No tememos a los fusiles de los militares, la batalla política continuará", dijo Zelaya, un ganadero de 57 años que se alió a Chávez a mitad de mandato, ganando enemigos en los sectores poderosos de su país, incluso en su mismo Partido Liberal.Micheletti, empresario de 66 años, también liberal, está seguro de que la comunidad internacional terminará por avalar los comicios y sigue aguantando el aislamiento y el corte de ayuda por parte de muchos países, incluso Estados Unidos.Ni siquiera presta oídos a los reclamos de que restaure las libertades civiles que suprimió hace tres semanas y que ha motivado la visita este domingo de una misión de la ONU que verificará la violación de los derechos humanos.

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