Víctima recuerda la prisión de la Stasi

Berlin Hohenschönhausen era la prisión usada por la policía secreta de la Alemania Oriental.

La Stasi Mario Röllig estuvo detenido en el centro de tortura secreto por 3 meses en 1987, tras ser detenido intentando escapar a Occidente. Pese a lo traumático de la experiencia, Röllig aún regresa a la prisión para contar a las nuevas generaciones su experiencia esperando que la historia no sea olvidada.

Un tranquilo y arbolado barrio de Berlín esconde un pasado terrible.

Es aquí donde la policía secreta de Alemania Oriental, la Stasi, torturaba a disidentes políticos y combatientes de la resistencia.

Pero también a gente como Mario Röllig que, a los 19 años, fue detenido simplemente por tratar de huir a Occidente en 1987.

"Me gritó: Desvístete. Me saqué toda la ropa a excepción de la interior. Me gritó: ¡Todo! Los prisioneros tenían que esperar desnudos tras el mostrador con los pies y los brazos separados. Luego se burlaban de ellos y buscaban en cada cavidad del cuerpo con guantes de goma cualquier cosa que pudiera ser vista como contra el estado”, dice Mario Röllig, ex detenido en la prisión de la Stasi, la Berlin Hohenschönhausen.Todo estaba diseñado para que los prisioneros nunca pudieran verse. Luces rojas advertían que uno de ellos estaba siendo trasladado por el corredor. Los otros debían esperar tras puertas cerradas.

El aislamiento era completo en esta celda a prueba de luz y sonido. Uno de los más temidos cuartos de tortura. Lo máximo que un prisionero estuvo recluido allí fue por 13 días, pero con resultados de por vida.

"Esa gente no puede llevar vidas normales como nosotros. Viven en apartamentos supervisados o en psiquiátricos. Han sido reducidos a organismos vivientes. No pueden amar, vivir o trabajar”, agrego Mario Röllig.

Mario fue liberado luego de 3 meses de prisión tras una amnistía.

Volvió luego de la caída del muro de Berlín. Ahora da recorridas por la cárcel para que lo que sucedió allí no sea olvidado.

"Es sólo en esta vieja prisión de Hohenschönhausen donde siento que sobreviví y me doy cuenta que ese tiempo terminó. En mi vida normal no puedo sentir eso. Los rostros de la gente que nos aterrorizaba, nos molestaba y arrestaba, están aún en los mismos puestos que entonces”, concluyo Mario Röllig.

Los funcionarios de las prisiones no fueron enjuiciados y muchos incluso mantienen el empleo en la policía o autoridad local.

Para las personas como Mario Röllig, eso significa que el dolor que sufrieron a manos de la Stasi nunca desaparecerá.

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