El Vencedor Herido

El presidente Barack Obama proclamó el pasado miércoles 28 de Octubre la ley de Presupuesto de Defensa, llevando el plan anual de gastos militares a buen puerto luego de meses de negociaciones, presiones y de hasta alguna amenaza de veto presidencial. Pero fue una victoria que lo dejó malherido ante los ojos de muchos.

Hace algunos meses el Secretario de Defensa, Robert Gates, logró imponer que el proyecto de ley del presupuesto de defensa en efecto eliminara el costoso programa de producción de aviones caza F22, una reliquia de la Guerra Fría que no sirve para las necesidades militares de hoy en Afganistán, Irak y Pakistán. En su reemplazo, el Pentágono recomendó y consiguió -comparativamente- un económico y más efectivo avión caza: el F-35.

Gates seguía así las órdenes de Obama de eliminar todo programa que fuera un desperdicio de dinero, y de encontrar mejores alternativas. Pero al proyecto de ley aún debía redactársele un texto final, y eso es potestad del Congreso.

A pesar de que Obama amenazó con vetar cualquier proyecto de presupuesto que no fuera de su gusto, la eliminación del F-22 fue logrado solamente luego de que la Casa Blanca se rindiera ante las presiones de ciertos congresistas y les concediera a cambio la producción de más motores para aviones F-35 de los que se requieren. El gasto extra le costará al contribuyente $560 millones de dólares.

Pero eso solo fue el principio. También se concedieron las producciones –no solicitadas por el Pentágono- de diez aviones de carga C-17 a un costo de $2,500 millones de dólares y de un Buque Destructor clase DDG por otros $1,700 millones.

Además, los legisladores adjuntaron al proyecto de ley fondos especiales llamados “earmarks”. Estos financian básicamente cualquier cosa, no necesariamente de utilidad militar, que los congresistas crean que es buena para los votantes (o alguna empresa o aliado político-electoral) en sus distritos congresionales. En el Senado se añadieron 778 “earmarks”por un valor de $2,650 millones de dólares. En la Cámara de Representantes, 1,080, por $2,660 millones.

En la ceremonia de proclamación de la ley, la desilusión de Obama fue notoria. Dijo,
“… hemos logrado un Presupuesto de Defensa que elimina –algunos- desperdicios e ineficiencias“, poniendo énfasis en la palabra “algunos”. Luego añadió que solo era “un primer paso”. Quizás debió aclarar que era un primer paso “de tortuga” pero no lo hizo.

Lo cierto es que aún con mejoras, el presupuesto de gastos militares que Obama autorizó con su firma es por $680,000 millones de dólares, el más grande de la historia de la humanidad. Toda una ironía para a quien hace menos de un mes se le otorgó el Premio Nobel de la Paz.

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