Van Rompuy asume presidencia de UE con el reto de demostrar que da la talla

Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el ex primer ministro belga Herman Van Rompuy se convirtió este martes en el primer presidente de la UE, con el reto de desmentir a sus detractores y demostrar que dispone de las facultades idóneas para desempeñarse en el cargo.

Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el ex primer ministro belga Herman Van Rompuy se convirtió este martes en el primer presidente de la UE, con el reto de desmentir a sus detractores y demostrar que dispone de las facultades idóneas para desempeñarse en el cargo."Abrimos hoy una nueva fase de la construcción de Europa", afirmó Van Rompuy por la noche durante una breve ceremonia en Lisboa, a la que asistieron numerosas personalidades, como el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo país asumirá la presidencia rotativa de la UE en el primer semestre de 2010."Después de un viaje difícil, el Tratado de Lisboa llegó finalmente a puerto. Nos va a permitir tomar decisiones más rápidas, más democráticas (pero) no desempeñará su papel a no ser que la Unión sea realmente una unión", subrayó.La británica Catherine Ashton, que no asistió a la ceremonia, asumió sus funciones como Alta Representante de Relaciones Exteriores, reemplazando al español Javier Solana, en medio también de críticas que consideran que el puesto le queda demasiado grande a esta política sin experiencia.El primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, cuyo país ocupa la presidencia rotativa de la UE, se refirió el martes a una "nueva era" para el bloque, con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y la creación de ambos cargos.También el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, se mostró optimista al asegurar que la "UE será capaz de hablar con una voz fuerte en la escena internacional". "Los tratados son importantes pero por sí solos no hacen nada", subrayó.El texto, heredero del proyecto de Constitución Europea que nunca vio la luz, está diseñado para agilizar la toma de decisiones del bloque, reforzar los poderes del Parlamento Europeo y dar a la Unión una mayor visibilidad en el mundo.Pero las ambiciones del Tratado parecen haberse contradicho con la elección de los casi desconocidos Van Rompuy y Ashton por parte de los jefes de Estado y de gobierno de la UE, quienes según algunos habrían sacrificado un liderazgo fuerte del bloque por mantener el peso de sus países en la toma de decisiones.Van Rompuy "será un presidente encargado de acercar los puntos de vista. Su papel se limitará a la influencia" sobre los líderes de los 27, estimaron los profesores Thierry Chopin y Maxime Lefevbre en un estudio publicado esta semana por la Fundación Schuman.El propio Van Rompuy, un democristiano flamenco muy respetado en Bélgica durante el corto año que pasó al frente del gobierno, parece decidido a permanecer en ese perfil de moderador en la sombra en el que lo han enmarcado."Mis palabras clave serán continuidad y coherencia", señaló el martes en Eslovenia."Es importante para mí tener en cuenta los intereses y las sensibilidades de cada uno", insistió un poco más tarde en Roma, antes de viajar a Lisboa.Aun así, recientemente reconoció su visión "federalista" de la construcción europea, sin ser un "fundamentalista", pero sobre ese punto en seguida le aconsejaron mostrarse prudente para no incomodar a los Estados celosos de sus soberanías nacionales.Ashton, por su parte, asume el puesto de Alta Representante de Relaciones Exteriores con unas prerrogativas reforzadas respecto a su predecesor y acompañadas por un vasto servicio diplomático europeo."No parece responder al perfil ideal de ministra europea de Relaciones Exteriores", destacan Chopin y Lefebvre.A su inexperiencia, se suma la dificultad que la británica tendrá para imponerse a las capitales más poderosas y renuentes a ceder su influencia diplomática, como son París, Londres y Berlín.

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