VA: Ejecutan a homicida confeso en la silla eléctrica

Después de 11 años, y de haberse librado de ser ejecutado en una primera ocasión, un hombre enfrenta la pena capital hoy.

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Paul Warner Powell fue arrestado por el asesinato de Stacie Reed, de 16 años, y por el ataque sexual de su hermana Kristie, de 14 años, por lo que fue condenado a pena de muerte en Centro Correcional de Greensville, en Jarratt, Virginia.

Los hechos ocurrieron en Manassas 11 años atrás, en 1999, cuando por una obsesión amorosa no correspondida, el agresor ingresó a la casa de las víctimas, violó a la hermana mayor y le clavó un cuchillo en el corazón. Luego, se preparó una bebida y esperó a que llegara del colegio la hermana menor, a quien también violó y acuchilló en el cuello.

Sin embargo, Kristie sobrevivió y pese a que lo identificó positivamente, no fue condenado a muerte por falta de evidencia. Sólo se obtuvo una sentencia de 15 años de prisión. Pero Powell no satisfecho con haber burlado a la justicia, escribió una carta al fiscal en la que se mofaba del sistema judicial.

En un fragmento decía: “Dado que la Corte Suprema de Virginia no puede condenarme a la pena de muerte, pienso que puedo contarles todo lo que sucedió el 29 de enero de 1999, para mostrarles lo estúpidos que son todos”. Y describió con lujo de detalles lo que sucedió el día que mató a su amor platónico.

La carta se convirtió en una confesión escrita de culpabilidad y en la evidencia que la fiscalía necesitaba para pedir en un nuevo juicio la pena de muerte, la cual fue dictada el 15 de enero del 2003.

Por su parte, Lorraine Whoberry, madre de Stacie declaró que “lo único que puedo decir al respecto es que prevaleció la justicia”, mientras que Kristie Reed, que ahora tiene 25 años, dijó que ella “estará más satisfecha cuando él muera”.

Y para volver este caso aún más raro, o hasta enfermizo si se quiere, Powell decidió que su ejecución no fuera bajo el sistema de inyección letal, con la que se trata que los condenados sufran lo menos posible.

Paul Warner Powell prefirió morir electrocutado en una silla eléctrica de 102 años de antigüedad.

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