UE levanta objeción checa y se acerca a ratificación del Tratado de Lisboa

Los líderes de la Unión Europea (UE) aceptaron el jueves en su cumbre en Bruselas las exigencias del presidente checo Vaclav Klaus para firmar el Tratado de Lisboa, allanando la vía para la entrada en vigor de un texto que les proporcionará al fin un presidente estable.

Los líderes de la Unión Europea (UE) aceptaron el jueves en su cumbre en Bruselas las exigencias del presidente checo Vaclav Klaus para firmar el Tratado de Lisboa, allanando la vía para la entrada en vigor de un texto que les proporcionará al fin un presidente estable."El último obstáculo a la ratificación del Tratado de Lisboa fue levantado", señaló el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, felicitándose del acuerdo alcanzado entre los 27 en el primero de los dos días de su cumbre."El camino hacia la ratificación se abre ante nosotros", aseguró por su parte el primer ministro sueco y presidente de turno de la UE, Fredrik Reinfeldt.El presidente checo, el euroescéptico Vaclav Klaus, solicitaba que su país se beneficiara de una derogación de la Carta Europea de Derechos Fundamentales, integrada en el Tratado de Lisboa, con el fin de evitar que los alemanes expulsados en 1945 de Checoslovaquia pudieran reclamar sus bienes expropiados.El Tratado, llamado a reforzar el papel de la UE en el mundo y mejorar su maquinaria institucional, ha sido ratificado por 26 de los 27 países miembros del bloque.Para su entrada en vigor, sólo queda pendiente la firma de Klaus y un dictamen de la Corte Constitucional checa sobre un recurso contra el texto.Klaus obtuvo lo que solicitaba, es decir, un protocolo ya concedido en 2007 a Gran Bretaña y Polonia por otras razones, que deberá ser ratificado por todos los Estados miembros no antes de 2011.El próximo martes, la Corte Constitucional checa se pronunciará sobre un recurso presentado por un grupo de senadores cercanos al presidente. La mayoría de los diplomáticos prevé que el tribunal rechace la demanda, permitiendo al fin la entrada en vigor del texto.El Tratado prevé la creación del puesto de un presidente estable de la UE, al que aspiran principalmente el británico Tony Blair y el luxemburgués Jean-Claude Juncker, y el de un 'super ministro' de Relaciones Exteriores.Aunque el nombre de Blair, apoyado por el gobierno británico, suena con fuerza, pocos se aventuraban en Bruselas a apoyar al ex primer ministro británico que respaldó la guerra en Irak y pertenece a un país que no integra la Eurozona ni el espacio Schengen.Los países del Benelux y Austria han dejado claro su rechazo a la candidatura y el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se sumó el jueves al campo del 'no' al afirmar que la izquierda europea prefiere que se le reserve el puesto de Alto Representante de Política Exterior."No me atrevería a descartar a alguien, pero la postura del Partido Socialista Europeo es una clara determinación a aspirar al (cargo) de Alto Representante" y por lo tanto abandonar la lucha por la presidencia, dijo Zapatero, próximo presidente de turno de la UE a partir del 1 de enero.El primer día de la cumbre se saldó sin acuerdo sobre cómo Europa ayudará a los países pobres a financiar la lucha contra el cambio climático, un aspecto clave de la conferencia de la ONU programada en diciembre en Copenhague.Las divisiones no se vaticinan fáciles de superar a seis semanas de la cita internacional, llamada a dar a luz un acuerdo contra el calentamiento del planeta que reemplace el Protocolo de Kioto a partir de 2012.Reinfeldt exhortó a cifrar la ayuda europea para el mundo en desarrollo con el fin de "estimular al resto de países" industrializados "que rechazan desempeñar su papel".Otros reclaman en cambio que sean precisamente estos países, como Estados Unidos, quienes muevan ahora ficha."En tanto que UE, queremos un acuerdo ambicioso en Copenhague, pero para lograrlo necesitamos compromisos de parte de Estados Unidos y de grandes países emergentes", declaró la canciller alemana, Angela Merkel.La Comisión Europea evalúa en 100.000 millones de euros anuales las necesidades de los países pobres y estima que gobiernos e instituciones públicas internacionales deberían aportar hasta la mitad de ese monto.Barroso expresó en la noche del jueves su esperanza de que los líderes europeos alcancen un compromiso el viernes.

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