Tercera Temporada de Mad Men

Esperemos que la tercera temporada de la aclamada (por los críticos, no tanto por el público), serie "Mad Men" esté a la altura de lo que prometía el piloto y la primera temporada.

En su segunda temporada, Mad Men pareció desviar su curso original al poner un excesivo cambio de énfasis al drama intimo de Betty (la esposa del Don Juan, Don Draper). Interpretada por la, indudablemente hermosa, actriz January Jones, Betty se convirtió en el centro de la historia y paso de ser, como originalmente la había concebido el creador de la serie, Matthew Weiner, una típica ama de casa de los años 50 (época en la que se ubica la historia) frustrada y sumisa, a una protagonista demasiado “versátil”. Betty de pronto dejo de ser la resignada mujer de Don (el guapísimo y talentoso Jon Hamm) y se convirtió en una atormentada mujer.   
Por más hermosa y buena actriz que Jones sea, la protagonista femenina no debería ser Betty, sino Peggy (Elizabeth Moss), la empleada que llega a la agencia de publicidad y se tiene que enfrentar con todos los problemas que tenían entonces las mujeres para sobrevivir en el ambiente de trabajo (acoso sexual, ninguneo, discriminación, etc.).
El hecho de que Jones haya despertado más la atención debido a su belleza y sus dotes histriónicas hizo que la historia se concentrara más en ella, a despecho de la evolución natural a la que apuntaba el personaje de Don, el verdadero protagonista de la historia.  De pronto el enfoque de Don se convirtió en que era el marido que engañaba a la pobre Betty y no en otros aspectos más interesantes de su personaje (su oscuro pasado, por ejemplo).
El parecido (real o supuesto) que Weiner encontró en Jones con Grace Kelly lo llevo a llevar al personaje de Betty a reproducir aspectos de las heroínas más famosas que inspirara la musa de Alfred Hitchcock.  Pero no se puede ser Marnie y una bomba sexual al mismo tiempo).  Betty tendría que tener, en todo caso las típicas represiones sexuales de las mujeres de su época (como Marnie), lo cual haría la infidelidad de Don más "comprensible," si no "perdonable”,  o algún tipo de "perversión"  (otra vez, como Marnie), pero no ambas.
 Tal como se presento a Betty en la segunda temporada, Weiner parece haber querido hacer a Betty más "interesante".  No se puede retratar a Betty al mismo tiempo como una mujer muy digna que no le perdona a Don sus “indiscreciones”, pero al mismo tiempo perdiendo el tiempo arreglándose en el salón de belleza con el dinero de su marido.  Si la idea era convertirla en un personaje más interesante, se le hubiera puesto buscando trabajo o despertando su conciencia a otras trampas de su época para las mujeres como ella.
De hecho, lo mejor sería seguir con el espíritu original de la serie (antes de que Jones fuera elegida para el papel de Betty) y regresarla a donde realmente estaban las  mujeres de su tiempo: atrapadas en el hogar, cocinando y cuidando a los hijos. Los principales personajes femeninos de Mad Men (como se introdujeron en el piloto) deben ser los 2 extremos en la oficina (la inteligente, pero apocada y no muy agraciada, Peggy) y la exuberante y guapa Joan (Christina Hendricks) que utiliza su sexualidad para sobrevivir. 
Ojala que el nuevo embarazo de Betty la devuelva a su destino original en el ámbito del hogar y se permita que sean las otras mujeres que se cruzan con Don las que aporten las opciones diferentes que la ofrecía entonces a las solteras, por lo menos.  Mujeres más reales e interesantes como Midge, la beatnik de la primera temporada (Rosemary DeWitt),  o Rachel (Maggie Siff), la liberada mujer judía de negocios.  Es a través de Don que el prisma de los cambios que comenzaban a darse en ese tiempo tendría que verse. El es el que en realidad tendría la libertad para experimentarlos. 
La realidad es que, aunque se le quiera hacer justicia en retroactivo a Betty, una mujer como ella en los años 50, sin una profesión, con dos niños y tan convencional que acude cotidianamente al salón de belleza y cree en la existencia del hogar y el matrimonio “ideal”, no tendría las dimensiones que le han querido dar. Así como la están representando, Betty es la improbable mezcla de una diosa de hielo ardiente por dentro (como los personajes que interpretara Grace Kelly para Hitchcock); una reprimida sexual como Marnie; y una belleza trastornada como Carole en Repulsion (la cinta de 1965 dirigida por Roman Polanski con Catherine Deneuve).
Si los guionistas de Mad Men van a mover el eje de la trama de la oficina a los suburbios, que por lo menos representes ese espacio físico y mental en forma más realista como era en los años 50; o que lo hagan más interesante como lo han hecho directores del estilo de David Lynch o, más recientemente, Sam Mendes.  En literatura hay excelentes ejemplos como  Richard Yates, quien en su misma época describió magistralmente el infierno existencial de los suburbios estadounidenses en “Revolutionary Road” . El drama existencial que se escondía tras los verdes prados y las rejas blancas. Las vidas de “desesperación silenciosa" que componían el universo sofocante y cerrado de los suburbios. 
De preferencia, Mad Men, debería regresar la acción a la oficina donde hay mucho material que todavía no se ha explotado. Es ese universo el que se nos prometió en la primera temporada y que resultaba tan novedoso porque no ha sido tan explorado en el arte. El universo donde la agonía de un personaje como Salvatore (Bryan Bratt) tratando de ocultar su homosexualidad y aparecer ante su colegas como tan mujeriego como ellos", tendría que haber sido un infierno aparte. Después de todo, por algo la serie se llama Mad Men.
Creditos: Creador, Matthew Weiner. Elenco:  Jon Hamm, Elisabeth Moss, Vincent Kartheiser, John Slattery, Christina Hendricks, y January Jones.
Mad Men se transmite todos los domingos a las 10 PM por AMC  

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