Ted Kennedy

El Fin de una Era

Ted Kennedy

Es el fin de Camelot. La leyenda que bautizó Jackie Kennedy con ese nombre y empezó con su esposo JFK fue una tragedia pero al mismo tiempo evocó el coraje, el romance, el espíritu de aventura de una generación. Fue JFK quien nos puso sobre el camino a la luna. Nunca sabremos que hubiera pensado de ver cumplida su promesa. Su hermano Bobby tampoco pudo continuar el sueño aventurero de Camelot. Le tocó al menor de ellos continuar alimentando la llama de ese fervor. Ted Kennedy se convirtió en uno de los mejores políticos en la historia de esta nación.

Cuando los historiadores acumulen historias de sus logros, estudien sus descalabros y desarrollen sus tesis, verán claramente que a pesar de las fallas muy humanas, Ted Kennedy completó más triunfos que fracasos y alteró para siempre el rumbo de esta sociedad. Hay pocos aspectos de nuestras vidas diarias que no se vieron alterados por su intervención en la legislatura. Al darse cuenta de que nunca llegaría a la Oficina Ovalada se rindió ante ese dictamen y dedicó el resto de su vida y sus fuerzas a servirle al pueblo con ahínco. El navegó las tormentas políticas del senado con un sentido de noblesse oblige que lo llevó al diálogo con la oposición para conseguir sus victorias. El tuvo todos los privilegios de su herencia pero se dedicó a proteger a los menos favorecidos por la fortuna.

El rótulo de liberal lo llevó con orgullo. Si nunca supo explicar por qué buscaba la presidencia, no dudó en perfilarse como el amigo de los pobres, de los indocumentados, de los ancianos, de los soldados veteranos, de las minorías. Su nombre se pronunciará con admiración por muchas generaciones. Cuando el pueblo se olvide de quien era y que hizo, solo tendrá que mirar en el panteón de las almas generosas. Camelot simbolizó un sueño que duró mil días. Gracias a Ted Kennedy ese espíritu podrá reinar por mil años.

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