Sobreviviente incrimina a Mercedes Benz como cómplice de dictadura argentina

"A mí me llevaron de adentro de la Mercedes Benz. La empresa entregaba las direcciones de los compañeros", dijo el martes Héctor Ratto, sobreviviente de un centro de exterminio de la dictadura (1976/83), al incriminar ante un tribunal argentino a empresarios de la automotriz alemana.

"A mí me llevaron de adentro de la Mercedes Benz. La empresa entregaba las direcciones de los compañeros", dijo el martes Héctor Ratto, sobreviviente de un centro de exterminio de la dictadura (1976/83), al incriminar ante un tribunal argentino a empresarios de la automotriz alemana.Ratto fue el primer testigo de la jornada en el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en el cuartel del ejército de Campo de Mayo (periferia noroeste de Buenos Aires), iniciado el 3 de noviembre y cuyo principal acusado es el último dictador, el general retirado Reynaldo Bignone (1982/83).A ese cuartel, Ratto fue llevado el 12 de agosto de 1977 por militares que lo sacaron de la fábrica, ubicada en la localidad de González Catán (periferia sudoeste de Buenos Aires), donde trabajaban unas 4.200 personas en tres turnos.En ese cuartel, que pudo reconocer años después, fue salvajemente torturado al punto que quedó con sus brazos inmovilizados durante varios de los 19 meses de cautiverio, en los que estuvo siempre encapuchado.Ante el tribunal que sesiona en un club vecinal de la periferia norte de Buenos Aires, Ratto hizo un pormenorizado relato de su calvario, contó que sufrió un simulacro de fusilamiento y estuvo a punto de ser subido a un camión que trasladó a otros compañeros de fábrica, aún desaparecidos.El día de su secuestro, cuando fue llevado por militares de la oficina del entonces gerente de producción, Juan Tasselkraut, escuchó cómo éste directivo daba por teléfono la dirección de Diego Núñez, otro delegado, secuestrado esa noche de su domicilio y aún desaparecido."Es evidente que las direcciones salían a través de la empresa. Ninguno tenía otra actividad (política) que el activismo en la empresa. A mí me llevan de allí porque no tenían mi nueva dirección", dijo este hombre que tenía 29 años el día de su secuestro, el mismo en que sus mellizos cumplían cinco meses.Cuando el 8 de marzo de 1979 es liberado, aunque sin permiso de salida del país y debiendo presentarse semanalmente en la comisaría, el militar que lo deja ir le dice que no regrese a trabajar.Ratto renunció a la empresa, que había pagado a su esposa una parte del sueldo y que en ese momento lo indemnizó."Me hacen un certificado de trabajo que llega hasta el día que me secuestraron, los 19 meses (de desaparecido) aparecen como licencia especial. Y los aportes jubilatorios cesan unos meses antes de mi secuestro", precisó.Al terminar su testimonio de casi tres horas, estalló en la sala un aplauso cerrado y los presentes enarbolaron carteles con los nombres y rostros de los 14 delegados gremiales desaparecidos.La misma reacción obtuvo momentos más tarde el relato de la periodista alemana Gabriela Weber, autora de un documental sobre el caso.Según la testigo la empresa "admite una colaboración muy clara. Sabían exactamente lo que estaba pasando con sus obreros" en la dictadura.Como ejemplo, aseguró que en el fichero de los trabajadores, los desaparecidos llevan el número 930/5, que según ella sería una clave confirmando la desaparición.El ex delegado de la fábrica Julio D'Alessandro dijo a la AFP que la relación del ejército con Mercedes Benz era anterior a la dictadura, ya que era su principal cliente de los camiones Unimog.Junto a su ex compañero de fábrica, Eduardo Estivill, recordaron el caso de Rubén Lavallén, quien estuvo a cargo de un centro clandestino de detención y reconocido luego como torturador, y quien en 1978 fue contratado como encargado de seguridad de la planta de Mercedes Benz en González Catán.Lavallén fue condenado en 1998 por apropiación de Paula Logares, hija de una pareja de uruguayos desaparecidos en el marco del Plan Cóndor de coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur.Según los denunciantes, un hijo y dos sobrinos de Tasselkraut serían también hijos de desaparecidos.

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