Sistema penitenciario en Perú golpeado por asesinato, motín y fugas

El asesinato del director de una cárcel de alta peligrosidad puso contra la pared al sistema penitenciario en Perú, que desde el inicio de 2009 ha sido además sacudido por un motín, la fuga de narcotraficantes y el hacinamiento, entre otros flagelos.

El asesinato del director de una cárcel de alta peligrosidad puso contra la pared al sistema penitenciario en Perú, que desde el inicio de 2009 ha sido además sacudido por un motín, la fuga de narcotraficantes y el hacinamiento, entre otros flagelos.Manuel Vásquez Coronado, director del establecimiento penal Miguel Castro Castro, que alberga a sentenciados por delitos comunes, terrorismo y narcotráfico, fue muerto de tres disparos cuando salía de su casa el sábado por la mañana. Estaba amenazado por poner orden y disciplina en el penal y pese a esas advertencias no tenía seguridad policial.Su asesinato es considerado por la prensa como un nuevo golpe que la delincuencia peruana propina al sistema penitenciario en el 2010.El primer hecho se produjo en la madrugada del 1 de enero, cuando unos 500 presos del penal de Huancas, en la norteña región Amazonas, se amotinaron tomando como rehenes a ocho empleados del Instituto Nacional Penitenciario (INPE).Durante el enfrentamiento murieron dos reclusos. Los amotinados levantaron la medida y liberaron a los rehenes cuando las autoridades les prometieron mejorar la alimentación y acelerar sus procesos, dos de sus principales demandas.Dos días después, cuatro narcotraficantes se escaparon del penal de Abancay, región Apurímac (sureste), luego que dos hombres ingresaron con armas e hirieron a dos empleados del INPE y los ayudaron a escapar."Las cárceles son inmanejables, están superpobladas, es mucho lo que hacen los empleados del INPE para controlarlas", dijo este domingo a la prensa el jefe de ese organismo, Rubén Rodríguez Rabanal, que asumió el cargo el viernes, un día antes de la muerte de Vásquez Coronado.Admitió que los directores de las cárceles no cuentan con seguridad policial y que los empleados del INPE a cargo de los penales no tienen seguro de vida, pese al trabajo riesgoso que realizan.En cuanto al hacinamiento, sostuvo como ejemplo que la cárcel del Callao, al oste de Lima, construida para una población de 530 reclusos, cuenta con cinco veces más.La cárcel de Lurigancho, la mayor del Perú, recluye actualmente a 11.200 presos en lugar de los 2.500 que debería albergar de acuerdo a su capacidad, según un informe de la Defensoría del Pueblo. El penal de Miguel Castro Castro, el de mayor peligrosidad y construido para 600 presos, tiene el doble."El Estado carece de una política carcelaria que contemple no solo la construcción de penales, sino qué tratamiento darle a los reclusos, para los que cualquier posibilidad de readaptación social parece negada en establecimientos que tienen tanto de campo de concentración como de escuela de delito", señaló este domingo el editorial del influyente diario La República.En medio de esa situación, Vásquez Coronado intentó poner orden y disciplina en Castro Castro. A fines de diciembre le informó al diario El Comercio que con apoyo de la Dirección de Investigación Contra el terrorismo (Dircote) se había logrado desactivar una escuela de adoctrinamiento ideológico montada por los guerrilleros presos de Sendero Luminoso.Además cortó la venta de droga, de licor y los privilegios de los narcotraficantes y jefe de bandas. A cambio, recibió amenazas de muerte.Vásquez Coronado fue interceptado el sábado por dos o tres sujetos que lo asesinaron con disparos al rostro. Había asumido la dirección del penal en septiembre de 2009.

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