Saquemos el maltrato de nuestras familias

La familia hispana una vez más debe entrar en la seria reflexión de sacar el maltrato, el abuso infantil, el abuso verbal, el machismo o cualquier otro abuso de nuestro diario vivir.

La familia hispana una vez más debe entrar en la seria reflexión de sacar el maltrato, el abuso infantil, el abuso verbal, el machismo o cualquier otro abuso de nuestro diario vivir.

Debemos distinguirnos por ser una familia llena de valores, con una herencia de paz y de progreso. Los actos violentos son signos de una decadencia familiar que perturban y aniquilan nuestra relación con Dios y el prójimo. Ayer te vi cuando golpeabas a tu hijo pequeño. Fue un mal momento y una mala decisión. Al instante te arrepentiste. Pasaron horas y no podías olvidar aquel cuerpo frágil maltratado por tus manos. ¿Y no es verdad que al dormirte te pareció que el niño te miraba…y te preguntaba con sus ojos, ¿cómo haciéndole daño le robas así su vida?

Si el niño es violento, contestón, gritón o desobediente no es su falta, ¿de quién imita esas formas de ser? Si miente, ¿a quién oye mentir? Si grita, ¿de quién aprendió? Si es nervioso, ¿cómo podemos exigirle que reestablezca por si mismo el equilibrio de su organismo? ¿No has visto como los caballos tratados con rigor adelgazan y mueren antes de tiempo? ¿No sabes que el niño que es golpeado junta odio, y que cuando sea mayor este odio renacerá en su corazón como un cáncer devorador de sus alegrías y de su bondad?

Se dulce con tu hijo, sonríele, bésalo, dile cuanto lo quieres, ponlo sobre tus rodillas y convérsale para hacerle entender en su cabecita la idea del bien y para comunicarle aversión al mal. Cuando más malo te parezca, más necesita ver en ti un ejemplo de serenidad, ternura y rectitud. Si comete una falta grave, llámalo, explícale el error y corrígele con amor, comprensión y ternura y así él entenderá que el amor es más importante que la maldad.

Hoy en día nuestros hijos están en las pandillas, en las drogas, quieren escaparse de la casa, quedan embarazadas en su adolescencia porque en su infancia fueron abusados, no fueron comprendidos. Y lo más triste es que fueron maltratados por un papá abusador o tirano que nunca tuvo tiempo para dar un abrazo a su hijo o para entregar una palabra de amor pues pensó que eso era no ser macho. Queridos amigos, aún estamos a tiempo para salvar a nuestros hijos: hay que dialogar, perdonar y aprender a comprenderlos. Mucho ánimo. Dios los ama.

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