Sacerdotes untados y caminando con el pueblo

Aprovechando este Año Sacerdotal instituido por el Papa Benedicto XVI para dar realce a las vocaciones sacerdotales y a los sacerdotes en todo el mundo

Aprovechando este Año Sacerdotal instituido por el Papa Benedicto XVI para dar realce a las vocaciones sacerdotales y a los sacerdotes en todo el mundo, ha empezado una campaña de oración, de eventos religiosos y musicales para celebrar este acontecimiento con el honor y el respeto que se merece.

Pero la persona central de este año es el sacerdote. La persona que a través de su preparación académica y formación espiritual por 3 años de filosofía y 4 años de teología, sin contar alguna especialización, se constituye en el eje moral y líder de una comunidad parroquial asignada por el Obispo. Del sacerdote se espera hoy mucho, con un equilibrio en su temperamento y en su actuar: capaz de enfrentar los problemas, tolerando lo tolerable y comprendiendo las incomprensiones.

Pero, sobre todo, que se le note que está trabajando por una santidad personal con proyección a sus feligreses, que sea un hombre del pueblo, destacándose por las siguientes características:

* Amigo de todos y dispuesto a escuchar siempre.

* Pastor con esmerada preparación, sencillo y humilde que evite todo tipo de confrontación y prepotencia.

* Sin búsqueda de intereses personales, dispuesto a morir a sí mismo, a sus razones y a sus egoísmos.

* Un hombre preocupado por la situación social, local e internacional.

* Un hombre de esperanza, con autoestima positiva y súper enamorado del Evangelio y de la Santa Eucaristía.

* Un profeta que denuncie los males y pecados, con el sello del amor y de la misericordia, buscando producir la conversión del pecador, pero jamás ofendiendo su dignidad y mucho menos su integridad con la violencia verbal o física.

* Un portavoz de mensajes positivos que construyan puentes y que derriben barreras, que acerquen a los que están distanciados, que animen al establecimiento de la justicia, del perdón, de la unidad, de la fraternidad, de la solidaridad.

El sacerdote es otro inmigrante más ya que no puede olvidar que el sufrimiento del indocumentado es su propio sufrimiento y que su tarea es llevar alivio a los más necesitados y abandonados en nuestra sociedad.

Ayudemos, perdonemos y oremos por los sacerdotes en el Año Internacional del Sacerdote.

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