Rumania: 20 años después, el "espíritu de la Revolución" vive en Timisoara

Los héroes de las jornadas que hace veinte años convirtieron a Timisoara en la primera ciudad de Rumania en liberarse de la dictadura comunista de Nicolae Ceausescu intentan preservar ese espíritu, pese a las decepciones.

Los héroes de las jornadas que hace veinte años convirtieron a Timisoara en la primera ciudad de Rumania en liberarse de la dictadura comunista de Nicolae Ceausescu intentan preservar ese espíritu, pese a las decepciones.Esos héroes ordinarios que osaron bajar a las calles y gritar "Abajo Ceausescu", "Libertad, libertad", se reúnen ahora en un gimnasio para participar en un torneo de fútbol "en memoria" de quienes murieron o fueron heridos cuando el ejército, bajo órdenes del dictador, ordenó disparar contra la muchedumbre, el 17 de diciembre de 1989."Mi mujer murió en las manifestaciones. Compruebo que después de 20 años no se puede hacer gran cosa para obtener verdad y justicia, así que acudo al deporte para transmitir de forma diferente la memoria de aquel acontecimiento histórico", cuenta Ioan Banciu, de 64 años, jubilado y coorganizador del torneo.Entre los 12 equipos en liza, dos -Libertad y Memorial de la Revolución- están integrados por ex manifestantes y por hijos de personas que murieron o fueron heridas hace 20 años. Se enfrentan a equipos de adolescentes con problemas económicos o de diferentes liceos de la ciudad del oeste de Rumania."Deseamos que la gente que viene pueda establecer vínculos de amistad. Es una forma de transmitir el espíritu de la Revolución, de transformar nuestro dolor en algo positivo", explica a la AFP Harald Pinzhoffer, profesor de educación física de 34 años, cuya madre murió en los acontecimientos de 1989.Harald y Ioan también desean que los adolescentes que crecieron después de 1989, beneficiándose de la democracia y la libertad, no olviden "que esa gente luchó por la libertad de expresión que no teníamos bajo Ceausescu".Ioan Banciu aún se siente orgulloso de haber participado en aquella lucha."De cierta manera me he sentido orgulloso, pero el sentimiento de dolor ha sido mayor que el orgullo", admite. En el cementerio, un prisma negro recuerda a su mujer, Georgeta, muerta en sus brazos a los 39 años, mientras manifestaban juntos. Nunca pudo hallar su cuerpo, desaparecido del hospital en pleno fragor y confusión del levantamiento."Me digo que mis tres hijos podrían haber crecido con sus dos progenitores... pero he conseguido educarlos, todos han ido a la universidad", afirma. Y en un país libre."Pese a las decepciones, a la confiscación de la Revolución por antiguos comunistas, esto es sin duda lo más importante: tenemos libertad para seguir avanzando", asegura a la AFP Laszlo Tökes, el pastor protestante que encendió la chispa del levantamiento popular de Timisoara.Cuando el 15 de diciembre de 1989, al anochecer, la policía política Securitate quiso expulsarlo tras sus sermones contra el régimen, la muchedumbre se congregó ante el templo de la minoría húngara, en la calle Timotei Cipariu."Hacía mucho frío. Muchas personas de la iglesia protestante rumana se unieron a nosotros. La muchedumbre crecía, las cosas se hicieron irreversibles", cuenta Zoltan Balaton, de 65 años, un físico amigo del pastor y también manifestante, pese al miedo.No se siente especialmente orgulloso de ello: "No nos rebelamos porque fuéramos particularmente valientes. La situación era tal que, o bien la aceptábamos con vergüenza y humillaciones, permaneciendo como esclavos, o bien librábamos la lucha".

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