Rescatan a un centenar de mexicanos sometidos a esclavitud

Una banda organizada de Ciudad de México mantuvo encerrados durante meses a un centenar de hombres, entre ellos adolescentes y discapacitados psíquicos, explotándolos como esclavos con el pretexto de que era una cura para sus presuntas adicciones, según autoridades y relatos de víctimas.

Una banda organizada de Ciudad de México mantuvo encerrados durante meses a un centenar de hombres, entre ellos adolescentes y discapacitados psíquicos, explotándolos como esclavos con el pretexto de que era una cura para sus presuntas adicciones, según autoridades y relatos de víctimas.El centro de trabajo forzado funcionaba como supuesto centro de desintoxicación llamado "Los elegidos de Dios" y si bien la mayoría de las 102 víctimas eran reclutadas por la fuerza, amenazas o engaños, unos cuarenta fueron internados por sus propias familias, informó la fiscalía de Ciudad de México.Las víctimas eran encerradas en una fábrica oculta en un edificio de un barrio popular de la capital mexicana, donde trabajaban hasta 16 horas diarias y se les trataba de convencer a través de doctrinas, y a veces a golpes, de que ese "tratamiento" era por su propio bien."No soy alcohólico y ellos a la fuerza me querían hacer creer que tenía problemas de alcoholismo. Por eso me tuvieron esclavizado tres meses y un día, trabajando de ocho (de la mañana) a diez de la noche", relató Ángel, de 26 años, una de las cuatro víctimas que todavía tuvo fuerzas para relatar este viernes su cautiverio ante la prensa.Las tareas, describieron, eran la fabricación de pinzas, cajas y bolsas con la marca de los exclusivos almacenes mexicanos Liverpool, empresa que, según personal administrativo, adquiría esos materiales a través de un proveedor."A veces teníamos que trabajar toda la noche para terminar un pedido. En estas fechas navideñas, a ellos (los que manejaban la fábrica) les daba gusto porque tenían mucho trabajo. Nosotros lo teníamos que elaborar y ellos lo cobraban sin darnos un centavo", recuerda Ángel con voz y mirada firmes.Cualquier tipo de oposición, diálogo o mirada furtiva entre los explotados era objeto de una amplia gama de castigos que llegaron a la fractura de costillas o la obligación de estar tres días enteros de pie en el baño.La rutina no era mucho mejor. La comida era escasa y podrida y la fiscalía reporta casos de abusos y explotación sexual de algunos de los 11 adolescentes que estaban retenidos.Las víctimas reconocen que nunca se les pasó por la cabeza intentar huir por miedo, por la estrecha vigilancia y porque la salida a la calle estaba a una distancia de cinco puertas bien pertrechadas con cadenas y candados.La subprocuradora de Atención a Víctimas del Delito, Dilcya García, afirma no saber de un caso como éste en la capital. Hace cinco años, la ONU calculó que 20 millones de personas estaban esclavizadas en el mundo.Ante la prensa, García admite la responsabilidad de las autoridades en no detectar las actividades clandestinas de un centro que sospechan que llevaba ocho años operando.También asegura que se están investigando "con seriedad" denuncias sobre la participación de policías en los raptos.El número de explotados que da la fiscalía bajó en las últimas horas de 107 a 102, mientras que el de detenidos subió de 23 a 25 porque algunos encargados del centro trataron de camuflarse entre las víctimas.Las víctimas también sostienen que algunos de los arrestados no merecen la cárcel porque sólo se dedicaban a la cocina.Las autoridades llaman a difundir el caso porque muchas de las víctimas tienen a sus familias en otros estados y, algunos, no hablan español. De los ocho hombres que sufrían una discapacidad psíquica, sólo dos tienen familia en la capital.Exhaustos y algo desorientados, las cuatro víctimas quieren dejar atrás esta pesadilla.A los captores "yo les dije, Dios tarda pero no olvida", recuerda Juan Carlos mientras esboza su primera sonrisa en libertad.

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