Olancho, feudo de Zelaya y Lobo, vota en Honduras para salir de la crisis

Desafiando el miedo a incidentes, el hondureño Carlos Hernández entra decidido en el colegio electoral de Juticalpa, departamento de Olancho (norte), feudo del presidente depuesto, Manuel Zelaya, y del candidato favorito en los sondeos Porfirio Lobo.

Desafiando el miedo a incidentes, el hondureño Carlos Hernández entra decidido en el colegio electoral de Juticalpa, departamento de Olancho (norte), feudo del presidente depuesto, Manuel Zelaya, y del candidato favorito en los sondeos Porfirio Lobo.Con el sombrero vaquero en la mano, Hernández, 62 años, ha venido a votar pese a la tensión que reina en el país tras el golpe de Estado del 28 de junio y la apatía aparente de sus compatriotas. Además, en Olancho, el más extenso de Honduras, "la política es una segunda piel".Es uno de los pocos a confesar que vota por "Elvin" (Santos), el candidato del Partido Liberal (PL,derecha), debilitado por la guerra interna entre los dos actores principales de la crisis: el presidente depuesto Manuel Zelaya y el presidente golpista Roberto Micheletti.Pero el favorito de las encuestas para ocupar el sillón presidencial a partir del 27 de enero es Porfirio Lobo del Partido Nacional (PN, derecha), el eterno rival del PN."Los que van a ir a votar son los del PN, muchos del PL se van a quedar en casa por lo de sus dirigentes", piensa Juan Blas Hernández, 54 años, el primero en votar detrás de un cartón que sirve para proteger a los electores de las miradas, en la escuela Rosa Luisa H. de Ochoa, de Juticalpa, vigilada a la entrada por un militar armado.Muchos hondureños confiesan que tienen "miedo" de ir a votar por la tensión y división que ha reinado en el país, aunque la jornada estaba marcada por la tranquilidad."Yo solo le tengo miedo a Dios y a los señores", dice Juan Blas, militante del PN "de toda la vida" en esta región de fincas ganaderas y grandes explotaciones agrícolas, cuyos ciudadanos más célebres son Zelaya y Lobo, dos acaudalados terratenientes.Elegido por los colores del PL, "Mel" Zelaya hizo un inesperado giro a la izquierda en 2008, que culminó con la adhesión de Honduras a la Alianza Bolivariana de las Américas del presidente venezolano Hugo Chávez.Fue depuesto el 28 de junio, el mismo día que contra la opinión de la justicia iba a organizar una consulta popular para preparar su reelección."Creo que a las últimas horas del día, cuando la gente vea que está tranquilo, van a venir a votar", dice Juan Blas, quien estima que una alta abstención sería un "desastre" para el futuro presidente, cuya legitimidad no reconoce la mayoría de los países de América Latina.En el colegio electoral, un cartel desgrana los delitos electorales, entre ellos el de "impedir a los ciudadanos ejercer el sufragio", un antídoto al boicot de la elección que preconizan Manuel Zelaya y sus seguidores.Según el presidente del centro electoral, el geólogo Raúl Felipe, militante del PL, "la situación es embarazosa para el partido" y muchos electores se van a quedar en casa.Honduras ha conocido una campaña atípica, lanzada con retraso y sin gran entusiasmo comparada con comicios anteriores."Yo estoy a favor de que se estabilice la situación para resolver los problemas de equidad en el país, creo que mucha gente quiere pasar página", dice."El ex presidente tiró algunas líneas pero en una fuerza equivocada, radicalizando algunas posiciones, la mayoría de la población no estaba preparada", dijo el geólogo ante la puerta de una sala de clase donde está inscrito un proverbio japonés: "Al clavo salido, le toca el martillazo"."Por lo menos aquí, los antagonismos se manifiestan de forma verbal no con conflictos armados como en El Salvador o Nicaragua" que han conocido sangrientas guerras civiles en los años 80. Honduras se considera un país "pacífico", pese a que sirvió de base de la contra financiada por Estados Unidos."No veo mucha participación, estamos aquí cinco mientras que en la última elección a la misma hora había entre 10 y 15 personas. Yo voto en tanto que cristiana y creo que hay que votar, es un deber", dice Suyapa Ponce, 37 años, PN.

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