En NY las ostras vuelven a ser una pasión contagiosa

En el siglo XX desaparecieron, pero ahora la ostra volvió a ser una pasión contagiosa en NY.

Bien frescas, recién sacadas del agua, estas ostras Blue Point pasan a la sesión de limpieza.

Hace 5 años que Chris Quartuccio se instaló aquí para cultivar sus ostras. Su idea es aprovechar el dinamismo del mercado de estos moluscos en Estados Unidos para reimplantar las Blue Point en su hábitat original en Long Island.

“Las ostras cultivadas aquí tienen un sabor particular: estamos muy cerca del océano y por eso son muy saladas. Además esta agua está colmada de minerales que no se encuentran en ninguna otra parte del país, eso les da ese sabor tan distintivo”, dice Chris Quartuccio.

De aquí a Navidad deberían venderse 200,000 de estas Blue Point. La ostricultura que prácticamente había desaparecido de Long Island interesa a cada vez más personas.

“Desde hace 10 años los ostricultores se instalan por todas partes en Long Island, por diferentes razones. Primero su producto se vende a un precio elevado, y luego el público tiene un apetito cada vez más fuerte por las ostras”, añade Quartuccio.

Y a ese público lo encontramos a pocos kilómetros de ahí, en las calles de Nueva York. Este restaurante abre más de 1,000 ostras por día y anuncia más de 200 tipos diferentes en el menú.

“Abrimos en 1996. En la época era muy raro encontrar ostras en el menú de los restaurantes neoyorquinos. En seguida tuvimos mucho éxito y varios restaurantes abrieron su bar de ostras porque vieron que marchaba y luego siguieron muchos otros restaurantes”, comenta Jeremy Marshall, dueño de un restaurante.

A fines del siglo XVIII las ostras eran muy populares. Nueva York parece pues reanudar su tradición, con un pequeño matiz: ya no se consumen más en las esquinas. Y hay que tener unos $30 para deleitarse con una docena.

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