Micheletti y Zelaya aceptan acuerdo para poner fin a la crisis de Honduras

El presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, aceptó la noche del jueves un acuerdo para restituir al depuesto mandatario Manuel Zelaya en el poder, previo consentimiento del Congreso, lo que supondría el primer golpe de Estado que se revierte en América Latina.

El presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, aceptó la noche del jueves un acuerdo para restituir al depuesto mandatario Manuel Zelaya en el poder, previo consentimiento del Congreso, lo que supondría el primer golpe de Estado que se revierte en América Latina."Me complace anunciar que hace unos minutos autoricé a mi equipo negociador a firmar un acuerdo que marque el inicio del final de la situación política del país", señaló Micheletti en una declaración en la Casa Presidencial tras una intensa jornada de reuniones de ambas comisiones, bajo la presión de una delegación de Estados Unidos, encabezada por Thomas Shannon.El acuerdo propone que el Congreso Nacional, tras consultar a la Corte Suprema de Justicia, sea el que decida "retrotraer todo el poder ejecutivo previo al 28 de junio del 2009", fecha del golpe de Estado.Zelaya declaró su "satisfacción" por este "proceso histórico" que supone el "retorno de la democracia en el país" y facilita la "reconciliación nacional" tras cuatro meses de crisis."Es un primer paso para concretar mi restitución que tendrá que sufrir varios momentos. Yo soy un optimista moderado", declaró a la AFP el presidente constitucional de Honduras desde la embajada de Brasil, donde se refugia desde que llegó al país clandestinamente el 21 de septiembre."Mañana (viernes) empezamos a discutir el cronograma", dijo Zelaya, pero su regreso a la Casa Presidencial hondureña "tiene que ser mucho antes de las elecciones para poder validarlas", anticipó.El jefe de la delegación estadounidense, el responsable de la diplomacia latinoamericana, Thomas Shannon, quien había decidido quedarse hasta el viernes para facilitar el acuerdo, calificó de "héroes de la democracia" a los negociadores y alabó el "liderazgo político de Zelaya y Micheletti" que permitieron alcanzar este acuerdo."Es un gran momento para Honduras", dijo tras asegurar que Estados Unidos va a "acompañar" el proceso electoral.El representante de la Organización de Estados Americanos (OEA), Víctor Rico, también elogió el "esfuerzo particular de los negociadores", dado que hace dos días "parecía prácticamente imposible" llegar al Acuerdo de Guaymuras, el primer nombre que le dieron los conquistadores españoles a Honduras. Además de la restitución de Zelaya, el acuerdo, que debe ser ratificado este viernes, también contempla la creación de un gobierno de reconciliación nacional, el rechazo a la amnistía política y el compromiso de no convocar una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución, que fue lo que le costó el puesto a Zelaya.También se acordó el compromiso de realizar las elecciones presidenciales el 29 de noviembre y la transferencia de la autoridad de las Fuerzas Armadas al Tribunal Supremo Electoral.Asimismo, los negociadores acordaron crear una comisión de verificación para hacer cumplir los puntos del acuerdo, y una comisión de la verdad para investigar los sucesos antes, durante y después del golpe de Estado.Micheletti solicitó a la comunidad internacional que derogue las sanciones contra Honduras y envíe observadores internacionales a las elecciones de noviembre.La llegada a Tegucigalpa de la delegación estadounidense ha sido decisiva para alcanzar este documento después de que las negociaciones auspiciadas por la OEA quedaran rotas hace una semana ante la negativa de Micheletti de aceptar las condiciones de Zelaya.Shannon había advertido a los protagonistas de la crisis que el problema era de "voluntad política", y apremió a que se alcanzara un "acuerdo lo más rápido posible"."Esperamos que este acuerdo sea el principio de lograr una nueva reconciliación que tanto necesitan y desean los hondureños", dijo Micheletti, quien al igual que Zelaya agradeció la contribución de Estados Unidos, la OEA, la comunidad internacional y el mediador inicial en la crisis, el mandatario costarricense Oscar Arias.

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