Karzai se enfrenta a un trabajo muy difícil

El Presidente afgano Hamid Karzai jurará por un 2do mandato el 19 de noviembre, poniendo fin a meses de incertidumbre política.

Pero a pesar de su victoria en las elecciones, muchos observadores advierten que el Presidente tiene tiempos difíciles por delante. Mientras los talibanes siembran el terror a lo largo y ancho del país, las potencies extranjeras exigen poner punto final a la corrupción rampante.

Ganó las elecciones, pero no son tiempos de festejos para el Presidente afgano Hamid Karzai.

El líder afgano ha sido golpeado por una batería de crítica por su administración plagada de corrupción.

Altos funcionarios occidentales han intimado a Karzai a limpiar la “cultura de la impunidad” de su gobierno, que abarca desde las fuerzas de la policía al gabinete de ministros.

“Compartimos una visión en donde la justicia es igual para todos en Afganistán, y donde las instituciones de gobierno y sociales sirvan para los intereses de la gente y no el pequeño interés de los poderosos”, dice Karl Eikenberry, embajador estadounidense en Afganistán
Mientras que los funcionarios afganos planifican lanzar una fuerza anti corrupción, saben que tienen un arduo camino por delante.

Human Rights Watch y algunos diplomáticos sostienen que el propio vice Presidente afgano, Mohammad Qasim Fahim, es sospechoso de abuso de los derechos humanos, corrupción e involucramiento en tráfico de drogas.

Además hay otros problemas urgentes que el Presidente debe enfrentar.

Una temible insurgencia Talibán está arrasando el país, asesinando cientos de civiles e impidiendo que el necesario desarrollo alcance a los afganos comunes.

“La gente de Afganistán estamos sedientos de paz, queremos paz y seguridad para poder encontrar trabajo. La forma de lograrla es negociando con los talibanes”, comenta Mohammad Daood, librero.

El Presidente Karzai viene prometiendo desde hace tiempo conversaciones con los insurgentes en un intento por detener la violencia que involucra a los milicianos talibanes, fuerzas de seguridad afganas y más de 100,000 tropas extranjeras.

Pero los analistas sostienen que los talibanes pondrán condiciones para cualquier acuerdo.

“De sentarse a negociar, los talibanes exigirán una fecha límite para el retiro de las tropas extranjeras. Si las fuerzas internacionales aceptan esa fecha, entonces un acuerdo de paz sería posible”, argumenta Waheed Mujda, analista.

Con tales desafíos por delante, se puede afirmar que Karzai tiene probablemente la tarea más complicada del mundo.

Con 5 años de gobierno en sus espaldas, hoy la comunidad internacional observa atentamente cuál será su próximo movimiento.

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