Juzgando a la Jueza

La semana pasada el presidente Barack Obama nominó a la jueza Sonia Sotomayor de la Corte Federal de Apelaciones en Nueva York para reemplazar en la Corte Suprema de Estados Unidos al juez David Souter, quien se está jubilando en algunas semanas. Si Sotomayor -quien es de ascendencia puertorriqueña- es confirmada en el cargo por el Senado, se convertirá en la primera persona hispana en llegar a ser juez de la Corte Suprema en la historia de este país.

La reacción en el público en general parece hasta el momento neutral o moderadamente favorable, la de los demócratas  definitivamente favorable, y la de los hispanos y organizaciones latinas, comprensiblemente entusiasta.

La decepción, una vez más, es la de algunos de los principales líderes de opinión republicanos, no porque se opongan a Sotomayor, sino por las razones que hasta ahora han presentado para oponerse.

Según estos críticos, Sotomayor es tan racista que su nominación a la Corte Suprema es comparable a una nominación del ex líder del Ku Klux Klan, David Duke; es una jueza sin el suficiente brillo intelectual para ocupar el cargo; es inadecuada para la Corte Suprema porque le gusta la comida puertorriqueña; y no es lo suficientemente culturizada como estadounidense porque pronuncia su apellido como se hace en español: Sotomayor, y no Sótomayor, con tilde en la primera sílaba, como se pronunciaría en inglés.

Un ejemplo que usan para acusarla de racista es un discurso en el año 2001, en el que dijo tener la esperanza de que “una mujer con sabiduría y con la rica experiencia de haber crecido siendo latina alcance la mayoría de veces una mejor conclusión [judicial] que la de un hombre blanco que no ha experimentado esa vida”.

Lo que no dicen sus críticos es el contexto en el que Sotomayor hizo ese comentario. La jueza se refería a cómo a través de la historia respetados jueces de raza blanca –incluyendo a Oliver Wendell Holmes, de la Corte Suprema- defendieron un status quo legal que permitía la discriminación racial y sexual. Sotomayor enfatizaba así la importancia de que los jueces superen los accidentes natales como raza, clase y riqueza, porque estos pueden imponer limitados puntos de vista.

En todo caso, el actual juez conservador de la Corte Suprema, Samuel Alito, fue confirmado por un Senado con mayoría republicana  a pesar de haber hecho comentarios similares. Durante las audiencias para su confirmación en el cargo, Alito -de ascendencia italiana- dijo “Cuando reviso un caso sobre discriminación, pienso en los miembros de mi propia familia que fueron discriminados por su ascendencia étnica, su religión o su sexo. Y tomo eso en consideración”.

Con respecto a la falta de brillo intelectual para ocupar el cargo de jueza de la Corte Suprema, baste decir que Sotomayor se graduó summa cum laude en la Universidad de Princeton y estudió en la Facultad de Derecho de Yale, donde actuó como una de los editores de la Revista de Derecho de la facultad. A ello súmense los años que ha trabajado como fiscal federal adjunta en Nueva York, como abogada litigante en casos comerciales internacionales, más los 17 años como jueza de primera instancia y como jueza en la Corte de Apelaciones de Nueva York.

En buena cuenta, tiene más experiencia en un tribunal federal que ningún otro nuevo juez de la Corte Suprema en los últimos 100 años.

De su gusto por la comida puertorriqueña y la forma en que pronuncia su apellido como razones para negarle el cargo al que ha sido nominada, solo queda señalar que son la mejor muestra de la falta de argumentos en contra de Sotomayor, y del racismo con el que operan algunos líderes de opinión republicanos. 

A los republicanos más sobrios intelectualmente, esto les preocupa. No están de acuerdo con el tono usado contra Sotomayor y no están seguros de cómo atacarla sin ofender a los hispanos, que la apoyan mayoritariamente.

Lo peor de todo, sin embrago, es que solamente el senador Mitch McConnell ha dicho “estar en desacuerdo” con las acusaciones de racista contra Sotomayor. Y lo dijo tan miedosamente (aseguró que ¨”no me interesa ser un policía de lo que digan otros”) que aún queda pendiente el que alguien de la actual plana mayor del partido republicano salga a desautorizar públicamente y con autoridad los comentarios racistas y discriminadores contra Sotomayor.

Sotomayor probablemente será confirmada en el cargo. Si ello ocurre, y cuando haya pasado el momento de celebrarlo, lo que podría quedar en la memoria de los hispanos son los insultos y el racismo mostrados injustamente contra una dama hispana decente, y el nombre del partido político que los permitió.

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