Julie and Julia: Una Cocina Propia

La cocina, ese espacio físico que también representa el confín imaginario al que las mujeres éramos relegadas en el pasado, es el centro de la más reciente película de la directora Nora Ephron, Julie and Julia

                                Julie and Julia: Una Cocina Propia
Cocina es cultura y eso es sobre todo lo que la extraordinaria chef Julia Child le ofrecía a sus millones de seguidores. Child no solo daba recetas, sino que evocaba un estilo de vida y una cultura (la francesa) a través de sus deliciosos platillos. El olor, la textura y el sabor de Francia debía parecer un paraíso  muy lejano a las amas de casa de los años 50 en Estados Unidos, acostumbradas a cocinar guisados tan simples y aburridos como sus vidas. Child escribió su clásico, "Mastering the Art of French Cooking" en Paris donde residía con su esposo diplomático. La exuberante mujer dedico su libro "a las cocineras sin sirvientes" de  Estados Unidos. En esta dedicatoria está la clave para entender la resonancia que la película Julie and Julia tiene en nuestros días. La cinta dirigida por Nora Ephron (especialista en comedias románticas como You've Got Mail y  Sleepless in Seattle) y estelarizada por Mery Streep (Julia)  y Amy Adams (Julie), contrapone la vida de Julia Child en Paris en los años 50 con la de Julia Powell en Queens, NY, en nuestra época.
La historia está basada en las memorias póstumas de Child, "Mi Vida en Francia” (2006) y en el blog que Powell escribió donde recuenta sus aventuras al intentar cocinar en un año todas y cada una de las 524 recetas que vienen el libro "Mastering the Art of French Cooking" (escrito por Child en 1961). No deja de ser paradójico que tanto Child como Powell hayan tenido que “meterse a la cocina” para alcanzar el éxito como escritoras, siendo precisamente que como dijera la decana de las mujeres de letras, la escritora inglesa Virginia Woolf, había que salir de la trampa que podía representar ese rincón neurálgico del hogar y buscar un “room of our own” (una habitación propia). Esta era la recomendación de Woolf,  precursora del feminismo y referente obligado de cualquier mujer de letras.
Woolf lucho en su época (los años 20 y 30) por que las mujeres tuvieran la libertad para que se realizaran más allá de las labores del hogar. Para ella, las tareas de la casa eran el principal detrimento para una mente creativa. Siendo de la clase alta en una época en la que todavía era posible tener sirvientes sin ser millonario en Europa, Woolf se daba cuenta de que le debía en buena parte a su cocinera y mucama que se ocupaban de los quehaceres del hogar, su libertad para dedicarse a los quehaceres de la mente.
Para Woolf era tan necesario que las mujeres tuvieran no solo su “habitación propia”, sino también quien se las limpiara. Cocinar era algo que le intimidaba particularmente y su falta de pericia en ese sentido la hacía temer que jamás podría prescindir de una cocinera. En el libro “Mrs. Woolf  and the Servants”, Alison Light recoge esta aflicción de Woolf (y de Inglaterra en general) con "the servant problem". Aunque como feminista y libre pensadora, Woolf reconocía que tener servicio domestico era denigrante para las mujeres (tanto para las que lo proveían como para quienes los recibian), pensaba que sin esta ayuda, las obligaciones domesticas coartaban  la creatividad de las mujeres.
La Julie Powell de la película (y del blog) puede verse como  el triste ejemplo de que ese dilema efectivamente no se resolvió. Julie encuentra en la cocina y en las evocadoras recetas de Child una inspiración y un escape a su creatividad sofocada por un mísero empleo en el gobierno, pero la realidad es que mujeres como ella (en EUA por lo menos y seguramente en Europa), estan constreñidas por presiones económicas que las obligan a tener trabajos aburridos y encima, a lidiar con las labores domesticas de todos los días. Lo que resulta de Julie no es gran literatura. Su blog es un anecdotario de las tribulaciones de una vida en la que se las tiene una que arreglar como sea (sin ser una eficiente ama de casa) y renunciar a sus impulsos creativos. Sus pequeñas batallas domesticas no resultan más que en divertidas situaciones y "ocurrencias". Bien contadas, tal vez,  pero el merito de sus narraciones (si alguno tienen), no está en su excepcionalidad, sino, por el contrario, en lo absolutamente cotidianas, comunes y familiares que les resultan a tantas otras mujeres que, al igual que ella, se sienten atrapadas por sus circunstancias y comparten el sentir que las recetas de Child evocan sobre un estilo de vida y una riqueza vivencial que no sienten en la propia.
Esa es la paradoja que veo en la historia: que, tal como predijo Woolf que sucedería con el progreso de la democracia y de una sociedad más justa, las mujeres tendrían que renunciar a su individualidad en aras de realizar las tareas domesticas que recaerían en sus hombros. Por otra parte, Woolf se daba cuenta de que el no tener hijos le había dado una libertad aun mayor. Julia Child y Julie Powell tampoco tienen hijos y, tal vez, también por eso pudieron dedicar su tiempo a su propia realización personal. En fin, que desafortunadamente en pleno siglo XXI la disyuntiva entre trabajo y hogar sigue presentando un dilema para las mujeres. De hecho, como se publico en un artículo de la revista Atlantic Monthly (marzo 2004) "The Nanny Wars", de no ser porque en ese entonces las mujeres tenían quien les cuidara a sus hijos, el movimiento feminista tal vez nunca se hubiera dado. Estas son las consecuencias no explicitas del avance de la sociedad. La (muy afortunada) liberación de las mujeres de la servidumbre que el progreso ha traído, ha devuelto a la "cocina" (metafóricamente) a  todas. A menos que seas millonaria, y aunque los hombres están mas dispuestos a ayudar, la realidad es que no importa en qué o como trabajen las mujeres fuera de sus casas, al llegar a las mismas, les tocan también ciertas labores domesticas que, por tradición siguen siendo "nuestras".

Más noticias

0 Comentarios