Italia blanco de múltiples críticas tras revuelta de inmigrantes en Rosarno

El gobierno italiano recibió una salva de críticas este martes de organismos humanitarios, la Iglesia católica, ONU y hasta del gobierno de Egipto tras los violentos enfrentamientos del viernes pasado entre inmigrantes y habitantes de Rosarno, en Calabria (sur).

El gobierno italiano recibió una salva de críticas este martes de organismos humanitarios, la Iglesia católica, ONU y hasta del gobierno de Egipto tras los violentos enfrentamientos del viernes pasado entre inmigrantes y habitantes de Rosarno, en Calabria (sur).La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) criticó la "hipocresía" de las autoridades, tanto nacionales como locales, sobre el delicado tema de la inmigración clandestina, denunciada desde hace años por la entidad."Todo el mundo sabe sobre las condiciones miserables en que viven los inmigrantes", la mayoría clandestinos, con salarios míseros, y reducidos a "la esclavitud", deploró Loris de Filippi, encargado de las misiones de MSF en Italia.Para Alessandra Tramontano, enfermera de MSF, quien desde noviembre pasado atiende a los inmigrantes de Rosarno, los trabajadores agrícolas viven "en peores condiciones que en los campos para refugiados de Africa".Los galpones y cobertizos con pilas de cartones como colchones, en los que se hacinan los inmigrantes tras largas jornadas laborales, sin servicios higiénicos, ni agua ni luz corriente, fueron demolidos por la policía este fin de semana tras las violencias.La calma reina ahora en Rosarno después de que el sábado iniciara la evacuación de unos 1000 trabajadores africanos por los enfrentamientos y la "cacería" de inmigrantes que se desató en la localidad calabresa dejando un saldo de 67 heridos.La prensa italiana menciona en muchos artículos la terrible situación de los inmigrantes italianos a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en particular en Estados Unidos, Suiza, Francia, donde solían ser discriminados, por lo que realizaban trabajos ínfimos y eran tratados con desprecio y segregados.Pese a ello, las reacciones tanto del gobierno como de la oposición y de la opinión pública resultan tímidas.El jefe de gobierno y multimillonario Silvio Berlusconi, no ha hecho alguna referencia al tema tras su regreso el lunes de un mes de convalecencia."Lo que pasó en Calabria no tiene justificación y merece sanciones fuertes porque no es esa la imagen de Europa que queremos proteger", lamentó el secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche.Egipto condenó oficialmente con firmeza las violencias que sufrieron los trabajadores africanos asegurando que sólo representan una "faceta" de la "masiva campaña de agresiones" que padecen "los inmigrantes y las minorías en Italia, incluidas las minorías árabe y musulmana",Dos expertos en derechos humanos de Naciones Unidas, Jorge Bustamante y Githu Muigai, denunciaron igualmente los actos de violencia perpetrados contra los africanos en Rosarno y pidieron a las autoridades italianas que tomen medidas "enérgicas" para atajar el racismo.La voz de la Iglesia católica es la que se ha hecho escuchar sin descanso, desde que el domingo pasado el papa Benedicto XVI recordara a todos que el inmigrante es un ser humano que debe ser respetado y tiene derechos y deberes.Los obispos italianos solicitaron directamente a la población que fomente un "clima de acogida y rechace las tentaciones xenófobas".El lunes, el diario del Vaticano, L'Osservatore Romano, reconoció el racismo que recorre Italia.El Vaticano pidió además que se facilite la obtención de la ciudadanía y el derecho al voto a aquellos que se han integrado."Un inmigrante con un empleo regular, que paga impuestos, respeta las leyes y las tradiciones del país que lo acoge, conoce el idioma y se siente integrado, tiene todo el derecho a participar en la vida administrativa y política de su nueva patria", escribió Antonio Maria Veglio, presidente del Consejo Pontificio para los Migrantes.El presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, anunció que visitará el próximo 21 de enero a la capital de Calabria, Reggio Calabria, para defender "valores como la legalidad y la solidaridad".

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