Elecciones en Bolivia: Evo Morales va por la Presidencia y el Congreso

Las elecciones generales se iniciaron este domingo en Bolivia, donde el presidente Evo Morales, casi seguro de ser reelegido, tiene como reto lograr una votación suficiente para controlar el Congreso y poder gobernar sin tener que negociar con la oposición.

Las elecciones generales se iniciaron este domingo en Bolivia, donde el presidente Evo Morales, casi seguro de ser reelegido, tiene como reto lograr una votación suficiente para controlar el Congreso y poder gobernar sin tener que negociar con la oposición.Los puestos de votación se abrieron a las 08H00 locales (12H00 GMT) y funcionarán durante ocho horas. Un poco más de 5 millones de bolivianos están habilitados para votar en el país más pobre de Sudamérica. Unos 55.000 policías y militares estarán encargados de dar seguridad a la jornada electoral.Ante las dudas expresadas en los días previos sobre el registro de votantes, el presidente de la Corte Nacional Electoral boliviana, Antonio Costas, señaló este domingo que "el padrón es confiable y estoy orgulloso".Morales, un indígena aliado del presidente venezolano Hugo Chávez, acapara una intención de voto del 55% en los sondeos, frente al 18% del ex militar derechista Manfred Reyes Villa y el 10% del empresario centrista Samuel Doria Medina, sus principales rivales.El presidente aseguraría la reelección si alcanza el 50% de los votos o en su defecto más de 40% y una diferencia de más de 10% sobre su más inmediato seguidor.Los bolivianos eligen también a 36 senadores y 130 diputados que formarán parte de la futura Asamblea Legislativa Plurinacional, que reemplazará al actual Congreso.A falta de suspenso en la presidencial, la clave de esta elección será saber si el presidente logrará los 2/3 de congresistas en el Senado, lo que le daría un control político absoluto.Morales, que inició su presidencia en 2006, convivió con un Senado de mayoría opositora, lo que generó problemas de gobernabilidad de los que dijo sentirse "cansado". De allí su afán por lograr el control legislativo para poder hacer cambios a la Constitución y eventualmente plantear una nueva reelección.Tras casi tres años de convulsión -de enero 2006 a fines de 2008- Bolivia llega a las elecciones tras un año de calma política marcada por la hegemonía de Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS).Si en los años pasados se habló en todo momento de un país partido en dos por la férrea resistencia de cuatro de los nueve departamentos del país, encabezados por el rico Santa Cruz, el mandatario ha logrado hacer penetrar allí su mensaje.Aún así los sondeos dicen que sería derrotado en tres departamentos, con lo cual su fuerza todavía se sigue concentrando en la zona andina, más pobre y con mayor población indígena.Con un discurso nacionalista, el presidente dotó al país de una Constitución de corte indigenista, nacionalizó los hidrocarburos y otorgó bonos a niños, ancianos y madres gestantes, además de dar una estabilidad económica al país.Pero no ha logrado vencer al desempleo (11%, según datos independientes); en el gas hay una caída de la inversión extranjera; y hay una creciente producción de coca que alimenta masivamente el narcotráfico, según destacan sus adversarios, quienes también lo acusan de autoritarismo.Estos sin embargo le reconocen que con su abrumador triunfo electoral de 2006 -luego confirmado en un referendo- puso fin a un período de inestabilidad política en el que cinco mandatarios se sucedieron en la presidencia de Bolivia en cinco años.Pero preocupa que en su búsqueda del poder total el presidente y su entorno han recurrido al insulto y directamente al "amedrentamiento y la persecución", como denunció recientemente un diputado opositor.Prueba de eso es que Morales el martes pasado en una conferencia de prensa prometió que cambiaría las leyes para llevar a la cárcel a Reyes Villa, segundo en la contienda, quien es investigado por malos manejos administrativos.Leopoldo Fernández, fórmula presidencial de Reyes Villa, está en la cárcel desde hace un año por la muerte en septiembre de 2008 de una docena de activistas oficialistas, lo que ha sido calificado por el afectado como un "secuestro político".

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