La Educación, punto débil de un Brasil que apunta a potencia mundial

Brasil, el gigante sudamericano que busca consolidarse entre las potencias económicas mundiales, tiene un gran problema con su sistema educativo, que se refleja en 14 millones de analfabetos y 12 millones de personas con un nivel escolar desfasado respecto a su edad.

Brasil, el gigante sudamericano que busca consolidarse entre las potencias económicas mundiales, tiene un gran problema con su sistema educativo, que se refleja en 14 millones de analfabetos y 12 millones de personas con un nivel escolar desfasado respecto a su edad.Ambas situaciones se concentran especialmente en el nordeste y la región amazónica, donde el acceso a un centro educativo puede llegar a ser muy difícil en un país de dimensiones continentales y con dispares niveles regionales de desarrollo de infraestructura.Pero gracias a programas educativos acelerados, miles de estudiantes finalizan el nivel secundario y aspiran a una carrera terciaria incluso teniendo más de 50 años.Las dificultades financieras, las complicadas situaciones familiares y el transporte son las principales causas de la deserción escolar. Para paliar este problema, la Fundación Roberto Marinho se asoció con varios estados brasileños para llevar adelante programas acelerados a los que actualmente asisten 500.000 estudiantes.El programa "Travessia", aplicado en el Estado de Pernambuco (nordeste), "significa un punto de partida y no de llegada" para Geraldo Assentino, que a los 50 años recibió su diploma de enseñanza secundaria junto a 35.000 estudiantes que también obtuvieron su certificado durante una fiesta realizada en la ciudad de Olinda.Con auditorio lleno, los estudiantes festejaron el gran logro que significa volver a reinsertarse en el sistema educativo. "La educación es primordial. (...) Es más que una política de educación, es una política de desarrollo humano", afirmó Vilma Guimaraes, directora de Educación de la Fundación, durante la ceremonia."Desde pequeña me gustó leer, pero me casé a los 16 años y mi marido no me dejó seguir estudiando", narró a la AFP Teresina Lopez de Oliveira, de 54 años y originaria del estado de Ceará (nordeste).Teresina regresó a las aulas tras el suicidio de su hijo: "Me entregué completamente a la depresión. (...) Pero un día vi (en la televisión) la historia de un señor que con 83 años se recibió en la Facultad de Derecho. Y me pregunté, ¿si él puede por qué yo no?".Esta ama de casa se siente orgullosa de haber retomado los estudios: "Volví a sonreír, a saltar". El apoyo de sus compañeros y de su familia fue fundamental: "Incluso mi nieto de cinco años me explicaba las clases de inglés", cuenta.Ahora, "mi sueño es tener un curso superior. Quiero ser geógrafa, si dios quiere", afirmó sobre su nuevo objetivo.Para Adeildo Soares da Silva, de 33 años, con la obtención del título de enseñanza media su "ciclo de vida comienza ahora"."Si uno no se muestra a sí mismo que tiene condiciones, ¿quién le va a mostrar?", se preguntó."Dejé de estudiar para ayudar a mis padres" a solventar una familia de siete personas, contó. "O estudiaba o pasaba dificultades. Él (su padre) no quería que hiciera eso, pero no había otra manera", afirma Adeildo, que en 2008 volvió a estudiar después de 11 años.Con el diploma en mano, "quiero seguir con la facultad de Historia y Geografía. (Porque) la Historia influye y se mete conmigo, y la Geografía es para comprender las partes de la naturaleza que el ser humano destruye", explica.El programa educativo de la Fundación Roberto Marinho, entidad creada por el fallecido fundador del conglomerado de comunicación O Globo, utiliza el sistema pedagógico de telecurso donde el conocimiento transmitido por videos y manuales desarrollados por reconocidas universidades brasileñas es contextualizado de acuerdo con la realidad de cada región.El trabajo de la organización en los Estados de Acre, Amazonas (noroeste), Pernambuco, Rio de Janeiro (sudeste), Tocantins (centro) y en el Distrito Federal busca paliar los elevados índices de repetición y abandono escolar, que son uno de los grandes problemas de la educación formal en Brasil y provocan la exclusión de jóvenes y adultos que tras repetir varias veces de año acaban abandonando el sistema educativo.

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