Crisis Hondureña, Crisis Internacional

Ha pasado más de una semana desde que el Presidente Constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya, fue depuesto por un golpe cívico-militar y no se vislumbra aún una solución a la crisis que ha salpicado al hemisferio.

Por el momento, lo que se ha visto en la misma Honduras con la ilegal llegada de Roberto Micheletti al poder es la suspensión de las garantías constitucionales y la imposición del toque de queda nocturno; también la censura, autocensura, amenazas a periodistas y la clausura o militarización de medios de comunicación. 

Afuera de Honduras, la reacción –principalmente de la Organización de Estados Americanos- ha sido una combinación de aislamiento internacional al régimen cívico-militar, y de presión para que Tegucigalpa acepte el retorno de Zelaya.

Pero lejos de asustarse, los golpistas hondureños han respondido evitando que Zelaya aterrizara el domingo 5 de julio de regreso en Honduras, y al mismo tiempo dando órdenes de captura contra el desterrado gobernante si es que lograra retornar al país más adelante.

El fallido retorno de Zelaya, acompañado en el avión venezolano en el que viajaba por el presidente de la Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel d´Escoto, y con
los presidentes de Argentina, Ecuador, Paraguay y el Secretario General de la OEA José Miguel Insulza merodeando en otro avión que aterrizaría en Tegucigalpa solo si el de Zelaya aterrizaba allí primero, terminó siendo un circo inútil. Ambos aviones aterrizaron anoche en El Salvador..

El principal motivo del golpe contra Zelaya fue la alianza formada entre éste y el presidente de Venezuela Hugo Chávez, con la consiguiente sospecha de que el presidente hondureño, siguiendo el ejemplo del venezolano, estuviese tratando de iniciar asolapadamente un proceso para perpetuarse en el poder con un referéndum que torpemente quería llevar adelante a pesar de que había sido declarado inconstitucional por la Corte Suprema.

No sorprende entonces que Estados Unidos –que sin duda ve a Venezuela y los planes de Chávez para Latinoamérica de manera antagónica- no haya hecho un esfuerzo real para forzar a los golpistas hondureños a rendirse. El presidente Barack Obama ha dicho que Manuel Zelaya es aún el presidente legítimo de Honduras porque su derrocamiento y deportación fueron ilegales.

Pero eso es todo. Al menos, en público.

La OEA suspendió el sábado 4 de julio a Honduras de la organización panamericana luego de que el día anterior Insulza  viajara a Tegucigalpa y le quedara claro que el gobierno inconstitucional de Micheletti no aceptará el retorno de Zelaya. Sin embargo, Micheletti anunció el domingo 5 de julio que Honduras quiere negociar con la OEA. También ha dicho anteriormente que habrá elecciones en noviembre para elegir a un nuevo presidente en Honduras y que él no será candidato. De hecho, ha dicho que las elecciones incluso podrían adelantarse.

Ah, ¿sí?

Si las negociaciones que pide Micheletti fueran por ese camino, tal vez las sanciones que se avecinan y las que ya se están aplicando al gobierno golpista de Honduras en materia financiera, militar y comercial no durarían mucho. Honduras volvería a la normalidad relativamente pronto y habría una especie de empate político, pues el poder no quedaría en manos de Zelaya, ni tampoco de Micheletti.

Pero el empate sería solo en apariencia.  

De esta crisis hondureña saldrían claros perdedores y ganadores. Entre los primeros, Zelaya, Chávez y los amigos de Chávez. Entre los segundos, la derecha hondureña, y  Obama.

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