Contrabando y delincuencia campean en frontera de Venezuela y Colombia

A la señal de un grito, uno a uno los motociclistas con contrabando recorren los 300 metros que los separan de la orilla del río fronterizo entre Venezuela y Colombia y entregan su carga para el traspaso, acosados por el miedo de que militares puedan dispararles de alguno de los dos lados.

A la señal de un grito, uno a uno los motociclistas con contrabando recorren los 300 metros que los separan de la orilla del río fronterizo entre Venezuela y Colombia y entregan su carga para el traspaso, acosados por el miedo de que militares puedan dispararles de alguno de los dos lados.El grupo de cargueros o 'maleteros' aseguran que la "situación está muy caliente porque hay orden de disparar contra ellos, como ocurrió la semana pasada", con saldo de cinco heridos, según ellos.Algunos denuncian que las autoridades venezolanas los acusan de ser paramilitares o de estar protegidos por ellos."Esas son mentiras para no dejarnos trabajar", señala uno de los líderes del grupo, tras indicar que por los controles no consiguen "ni pa' cotizas" (calzado).Entre tanto, los 'campaneros' alertan sobre la llegada de las tropas y todos desaparecen, para salir nuevamente tras un segundo llamado que dispara el paso raudo de otras motocicletas cargadas con productos venezolanos que van para Colombia.La escena se repite en los numerosos pasos y trochas a lo largo del fronterizo río Táchira. Es el pequeño contrabando del que viven cientos de familias en la zona.Aunque los maleteros lo niegan, conocedores de la zona que pidieron no ser identificados aseguraron a la AFP que estos están protegidos por antiguos paramilitares y que muchos integran esos grupos.Mientras los maleteros arriesgan la vida cruzando el río, cerca de allí, cientos de vehículos de pasajeros atraviesan diariamente la frontera desde Venezuela, transportando la gasolina que compran a módicos precios y venden luego en Colombia con sustancial ganancia.En Cúcuta, capital del departamento colombiano de Norte de Santander, una 'pimpina' (recipiente) de gasolina venezolana con 22 litros se vendía este martes entre 28.000 y 30.000 pesos (de 14 a 15 dólares), en tanto que esa misma cantidad de combustible en Venezuela puede costar apenas 3,3 dólares.En el negocio, bastante lucrativo, y a la vista de todos también tienen que ver los antiguos paramilitares, que según habitantes de la zona y algunos distribuidores, de vez en cuando "pasan pidiendo una colaboración".Zonas como 'La parada' y 'la muralla', alrededor del puente fronterizo, se han convertido en bastiones de esos grupos que deciden a qué precio se vende, o si se distribuye o no se distribuye, aseguran. "Por allí ni la policía asoma", señala un conocedor.También ahora, por la decisión del gobierno venezolano de sustituir las importaciones colombianas, en protesta por un acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, es cada vez más creciente el contrabando de productos de primera necesidad desde Cúcuta hacia Venezuela.Por decenas de trochas pequeños vehículos de carga se internan hacia el territorio venezolano con sacos de papa, leche, o legumbres, escasas en el país vecino.Y mucho de ello, se afirma en la ciudad, también tiene el control de los desmovilizados paramilitares colombianos, ahora integrantes de las bandas criminales, fenómeno que habría elevado la tasa de homicidios en la zona.Según una investigación del diario La Opinión, de Cúcuta, las muertes violentas en el fronterizo estado Táchira pasaron de 81 hace diez años, a 511 en 2004, y 400 entre enero y septiembre de este año.

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