Consecuencias de una Reforma de Salud

El Presidente Barack Obama quiere que todos los estadounidenses tengan acceso a seguro médico; un seguro que los proteja a un precio razonable y que los trate con justicia, sin discriminación ni abuso por parte de las compañías de seguros. Para ello, una opción de cobertura pública para mantener los precios bajos y competitivos es una inteligente posibilidad. ¿Quién puede oponerse a algo tan básico?

Sin duda hay enormes intereses económicos de por medio pero no siempre las empresas en el sector salud están en contra. Las compañías farmacéuticas, la asociación de compañías de seguros médicos (AHIP, por sus siglas en inglés), y la Asociación Médica Americana, por dar solo unos pocos ejemplos, favorecen los planteamientos de Obama porque ven que si todos los estadounidenses van al médico comprarán más medicinas, se someterán a más tratamientos, y ellos ganarán más dinero.

Muchos ciudadanos lo ven desde otro ángulo económico. Si el gobierno federal entra a cubrir los gastos médicos de millones de personas, ¿cómo se pagaría el enorme costo que inevitablemente resultaría de esto? ¿Seguiremos aumentando suicidamente el déficit presupuestario que poco a poco carcome la economía del país? ¿Aumentaremos los impuestos? Son preguntas legítimas e importantes. La reforma de salud no puede proceder sin tener una respuesta adecuada a estos temas.

Lo que no es legítimo es lo que vienen haciendo algunos opositores a la reforma, como circular mentiras (por ejemplo, que si el estado cubre los gastos médicos, el estado decidirá qué enfermo vive, qué enfermo muere, y cuándo); o exigir que se les escuche pero sin embargo dar de gritos e impedir un diálogo civilizado cuando se organizan reuniones comunitarias para discutir la reforma con el público.

Muchas de las personas que gritan quieren honestamente que la reforma de salud no resulte en un fiasco médico y/o económico; pero están siendo usadas –lo sepan o no- por organizaciones como “FreedomWorks” o “Patients First”, que favorecen posiciones políticas ultraconservadoras y añoran el control del Congreso y de la Casa Blanca por parte del Partido Republicano.  Nadie, ni siquiera los enemigos políticos de Obama, se opone a la reforma de salud porque todos reconocen que es necesaria. A lo que se oponen… es a una reforma de salud lograda por Obama.

El ex presidente Bill Clinton dijo el 13 de Agosto que una vez que se promulgue la reforma de salud, habrá una sensación de satisfacción entre los estadounidenses. Clinton añadió que cuando se vea que las cosas buenas de la reforma se han hecho realidad y que las cosas malas  que se anticipaban no existen, los estadounidenses se sentirán felices. ¿Qué significaría eso?

Significaría que Obama y el partido demócrata serían muy populares; que los demócratas mantendrían la mayoría en ambas Cámaras del congreso en las elecciones del próximo año;  y que Obama sería reelegido para un segundo periodo en el 2012. Y es eso lo que motiva la oposición de los políticos republicanos y sus amigos ultraconservadores a la reforma de salud. No es realmente el presupuesto federal. No es realmente la posible opción pública en la reforma de salud. 
Son realmente los votos que masivamente irían a favor de los demócratas en las futuras elecciones. Hasta los tontos útiles que ahora gritan se darán cuenta de eso tarde o temprano.

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